San Francisco Cable Car


Si os gusta el traqueteo de los tranvías clásicos (los que llevan niños de polizones en la parte de atrás) o alguna vez habéis tropezado en un raíl puesto en mitad de la calzada (cuando no pasaba el dicho tranvía, espero), podríais echarle un ojo a este San Francisco Cable Car, uno de los caja grande de Queen Games.

El juego viene avalado por dos nombres de sobra conocidos: Dirk Henn, el habitual de Queen Games, padre de éxitos como Alambra o Shogun, como autor; y Michael Menzel, el maestro responsable de tableros como el de Un mundo sin fin o Stone Age, como ilustrador. Por tanto, nos encontramos con un sistema de juego sencillo y efectivo y una apariencia gráfica impresionante y detallada. Un juego para todos que depara un ¡Ooooh! de admiración cuando se despliegan sus componentes.



Dichos componentes consisten en un gran tablero cuadriculado que representa las afueras de San Francisco y sus estaciones de tranvía, 60 losetas con raíles de tranvía y las casas de la ciudad y una generosa cantidad de vagones de madera de colores. La calidad de todos ellos es excelente, como nos tiene acostumbrados Queen Games. Por otro lado, la preparación de la partida lleva muy poco tiempo y es muy intuitiva, con lo que en cinco minutos los hasta seis jugadores que permite el juego están listos para empezar.

La mecánica no reviste complejidad pero, conforme avanza el juego, requiere una buena capacidad de percepción. Consiste en ir creando el trazado del tranvía de la ciudad colocando las losetas de raíles en los espacios de la cuadrícula del tablero. Como todas ellas conectan perfectamente, dependerá de cómo se cruzan y unen los caminos entre sí para crear recorridos más o menos largos que empiecen y acaben en las distintas estaciones del borde del tablero, que será donde estén dispuestos los vagones de madera.



Cuando un recorrido se cierra, el vagón que quedará en uno de los extremos se gira, con lo que puntúa dicho recorrido y queda fuera de la partida. Los puntos conseguidos son iguales al número de losetas que comprende el recorrido, que se irán marcando con una ficha del color correspondiente en un track de puntos que rodea el tablero. Teniendo en cuenta que cada turno un jugador coloca una loseta (en el borde del tablero o junto a una loseta ya colocada), dicha jugada se presta a cerrar recorridos cortos de los rivales o intentar alargar los nuestros, sin olvidar que si cerramos el recorrido en las cuatro casillas del centro, la estación central, conseguimos el doble de puntos.

La partida termina al colocar la última loseta: el jugador con más puntos gana la partida ¡Originalidad al poder! El juego incluye además un par de variantes, como jugar con dos o tres losetas en la mano en lugar de una, que amplían las posibilidades de colocación y conexión de los tramos. Más jugoso es aún el añadido de una expansión llamada “Las compañías” que incluye más vagones de madera, cartas de porcentaje y un tablerito para disponer esas cartas. En este caso se juega igual salvo que todos los jugadores juegan con todos los colores, puntuando al final sólo con los dividendos de las compañías de las que tengan cartas. Durante el juego se pueden robar cartas de compañía en lugar de colocar losetas.

En realidad el juego es una variación y ampliación sobre el anterior “Metro” de Dirk Henn, juego en el que creábamos el metro de París con el mismo sistema. Por cierto, que el trazado de los raíles en las losetas es el mismo que en el popular juego “Tsuro”, por lo que nos encontramos con juegos muy parecidos en componentes o mecánicas.

Cable Car deja muy buenas impresiones al jugador: es vistoso, sencillo y agradable. Conforme avanza la partida y crece el trazado de vías se hace algo más lento porque aumentan las opciones pero también las posibilidades de puntuar alto. Aunque es un poco dado al análisis-parálisis, en un par de partidas se coge agilidad y se sabe qué fichas conviene para lograr recorridos más largos. La expansión de “Las compañías” supone un estilo de juego muy distinto, que alarga su rejugabilidad. Además, escala muy bien con cualquier número de jugadores y las partidas no duran demasiado, pudiendo terminarla en menos de una hora. Por otro lado, la dependencia del azar al coger las losetas será algo que no guste a todos, además de que los espacios de las esquinas pueden cerrarse con demasiada facilidad, con lo que conviene poner allí fichas que abran recorridos largos o quedarse con una zona muerta en el tablero. También comentar que la caja, famosa caja de Queen, es demasiado grande para lo que trae y el precio del juego es un poco elevado a pesar de la calidad de sus componentes. Con todo, es un juego muy recomendable, adecuado para jugones y no jugones, cuyo aspecto y sistema cumplen con lo prometido.

Reseña por: Crimsonnight

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