Crear lugares para nuestras partidas de rol: inspirarte en la vida real

Uno de los retos que todo diseñador de aventuras, módulos y mundos se encuentra, es la creación de lugares.
Llamo lugar a algo indefinido, un concepto abstracto y sin forma determinada que puede ir desde un mundo hasta un espacio concreto, determinado y de pequeñas dimensiones.
Cuando mas grande es el lugar, mas difícil es de definir y de detallar, por que necesita mas trabajo para describirlo bien, para llenarlo de detalles, para darle coherencia, para que al describirlo de la sensación de ser real.


Es cierto que para dar forma a esos lugares, hay metodologías, mecánicas, y esquemas a usar y que estan disponibles para todos en la red: como la creación de mundos de dentro a fuera o de fuera a dentro explicada en la Guia del Dungeon Master de varias ediciones; o respondiendo a una serie de cuestiones como el nombre del lugar, número de habitantes, gobernante, tipo de gobierno, entorno, edificios representativos, personajes importantes, existencia de guardia, productos típicos, historia, amenazas, etc.
Al responder la mayoría de estas cuestiones dan forma al esqueleto de ese lugar. Mas tarde, se irá rellenando de carne y dándole vida y verosimilitud. 

Pero a pesar de conocer estas mecánicas de creación, es posible que lo mas difícil sea tener una imagen mental de ese lugar, desde la que podamos comenzar a trabajar.
Al igual que con la creación de personajes de la que hablé en esta entrada,  un gran recurso del que podemos valernos es la inspiración en la vida real, de aquello que vemos todos los días, o que simplemente conocemos bien por haber estado allí muchas veces.


Uno de mis lugares preferidos cuando paseo por la ciudad es la fabrica metalúrgica Averly. Este lugar de aspecto abandonado, y con actuales problemas económicos se encuentra casi en el centro de Zaragoza, pero pasar a su lado despierta toda clase de historias, de inspiración.

 Su aspecto descuidado y deshabitado, su fachada deteriorada, las verjas oxidadas del jardín que da acceso a la puerta principal de la fabrica, el aspecto antiguo de la construcción,  los grandes arboles que hay en el jardín combatiendo a las enredaderas que poco a poco los envuelven...
Antes de conocer que aquello era una fabrica, mi imaginación ya le había dado vida al lugar. Una antigua mansión de una familia burguesa o aristocrática en decadencia, un lugar encantado, donde las viejas susurraban que en su interior se habían cometido extrañas muertes y desapariciones... En mas de una ocasión, me quedaba mirando a través de las verjas y los arbustos del descuidado jardín para lograr ver movimiento por las ventanas con viejas persianas de madera, tratando de descubrir algún espectro, una bella muchacha de hermosos ojos, o algún introvertido habitante del lugar que observaba a través de los cristales el mundo exterior.

Nunca vi nada, y quizás por ello ese lugar me tenia hechizado, un lugar que sin saber nada de el, me atraía y me asustaba al mismo tiempo. Un lugar como en otros tantos lugares por los que he pasado, que tienen una historia real, y otra en mi imaginación.



Madrid, León, Burgos, Ubeda, Baeza, Murcia, Berlín... tantos y tantos lugares por los que mis botas han posado su huella, donde mis miopes ojos han buscado detalles que llamaran mi atención, y cuyas imágenes he podido recoger con el teléfono móvil, una cámara de fotos, o simplemente se han quedado grabadas en mi retina para toda la eternidad, como las calles empedradas de Santiago de Compostela cuando la visite con 13 años, bajando del autobús en una noche lluviosa y la breve iluminación que aportaban las farolas. El lugar era mágico y terrorífico al mismo tiempo, y esa noche recuerdo haber soñado con las meigas, duendes y espíritus que mi joven imaginación dio forma ante el desconocimiento de esa tierra extraña para mi, con una atmósfera que me transportó al medievo nada mas llegar.

Los lugares que pueden inspirarnos pueden estar en cualquier lado. Al igual que las historias de la gente que nos cruzamos o conocemos, la visión de ciertos lugares puede despertar nuestra imaginación en un lugar tan cotidiano como un parque.


Un gran seto de considerable altura, una gran puerta doble con barras metálicas que impide acceder a esa zona del parque, justo al lado de donde los pequeños e inocentes niños se columpian, y elevándose por encima del seto, asoma la imagen de un antiguo edificio... 

Si mezclamos la imagen con nuestro conocimiento del lugar la imaginación se desata sin pretenderlo. El parque se ubica en la parcela donde antes se localizaba el manicomio de la ciudad,  que gran parte del terreno fue cedido al ayuntamiento para construir zonas verdes. Pero los locos siguen sueltos por esa zona restringida, moviéndose lentamente, vagando con los ojos vacíos, como si no miraran nada en concreto... ¿y si no fueran humanos? quizás sean producto de experimentos realizados por un científico loco que, gracias a sus contactos en el ayuntamiento ha podido realizar sus estudios en medio de la ciudad... ¿y si un día el experimento se descontrola? ¿y si no fueran locos si no una especie e zombies? imaginad... un grupo de padres con sus hijos pequeños disfrutando de un soleado día en los columpios del parque, y de repente, las enormes verjas metálicas verdes son golpeadas con fuerza y perseverancia. Al acercarse uno de los padres puede ver como un grupo de seres, anteriormente humanos, han despedazado a un enfermero y a los dos jardineros, y tratan de abrir la verja con la fuerza bruta... los niños se asustan y se escapan, la verja se rompe y .... ¿que harán los personajes que son los padres de los niños asustados? ya tenéis vuestra partida ahí. El sitio os lo conocéis al dedillo por que habéis ido todos los días desde hace dos años, te conoces cada rincón, cada árbol, cada fuente, cada edificio, las personas que pasean a los perros, a los jardineros, y al señor mayor que hace footing con su chándal verde del ejercito... lo tienes todo para preparar una partida.

Algo especialmente bueno de usar como recurso los lugares conocidos en la mesa de juego y aventuras, es que puedes preparar partidas improvisadas y no tener miedo a errar en la descripción de los lugares, y de las gentes.
Es bestial poder tener esa confianza en los conocimientos de uno mismo, usarlos sin que los jugadores lo sepan, y actuar con la confianza necesaria para que todo salga fetén.

Puerta alta de Daroca
Por supuesto esto no se limita a lugares específicos como una casa o un parque. El pueblo de tus abuelos donde veraneaste durante diez años de pequeño, o el lugar donde se encuentra la casa rural donde pasas las vacaciones te lo conoces tan bien como te conoces el barrio donde vives actualmente. Sus estrechas calles, los edificios de piedra antigua y acorde con el resto de construcciones, la iglesia medieval, las ruinas del castillo donde jugaste y simulaste batallas con los otros chicos del pueblo (aunque la mayoría no vivíais allí). Y no solo eso, conoces los montes y pueblos cercanos de alrededor, las carreteras de acceso, el puente que cruza el río y la vaguada que lleva a las ruinas del molino junto al río y el campo de olivos del tio Pepe.
Tienes en tus manos todo lo necesario para crear una antigua ciudad medieval, con sus habitantes, sus detalles... los planos aéreos del lugar los puedes obtener de Googlemaps. Con un poco de trabajo y una trama simple, ya tenemos partida de época.

La vida real es una gran fuente de inspiración, solo tenemos que abrir los ojos, darnos cuenta de la riqueza de todo aquellos que nos rodea, y usarlo para nuestro beneficio.
Una de las cosas que siempre nos sentimos orgullosos los roleros es de nuestra capacidad de imaginación, que no se diga que esto no es cierto. Y cualquiera puede conseguirlo si usa las herramientas adecuadas.

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