Reinventar lo inventado

Tratando de buscar mi hueco en el mundo de la fantasía,  y procurando alejarme de los escenarios de campaña tópicos llenos de elfos, enanos y orcos, con alta magia y ambientaciones medievales, desde hace tiempo tengo una tendencia a la creación de mundos donde se alterna lo moderno pero en ruinas, con lo nuevo pero poco avanzado tecnológicamente. Es decir, mundos donde el uso de tecnologías como la que actualmente tenemos en nuestro planeta o superior fue frecuente hace mucho tiempo, pero que los habitantes que viven actualmente ya no disponen de capacidad para crear esa tecnología, y posiblemente ni usarla.

En mi mente surgen paisajes con vehículos, naves espaciales o ciudades, todas ellas semienterradas, destruidas, inútiles… formando parte del paisaje y devorado por el mismo. Gigantescas estructuras de metal elevándose por encima de los bosques o las praderas, ciudades fantasma formadas por edificios en ruinas de ladrillo, metal y cristal, y compartiendo todo eso, otros nuevos lugares, nuevas urbes y habitantes con tecnologías inferiores que dominan actualmente esos territorios. No son escenarios post apocalípticos, pues el tiempo en el que la civilización existente en el lugar fue destruida pasó hace mucho, mucho tiempo, y la tiempo en el que viven los personajes es un nuevo mundo. Mi mundo.


Siempre me resultó curioso que ninguna ambientación rolera o literaria que conociera (yo) mostrara una ambientación similar, y con el tiempo casi llegué a creer que no existía, casi… hasta que vi Las Crónicas de Shannara, esa serie de TV basada en la saga literaria de Terry Brooks iniciada ni más ni menos que en 1977 con el libro “La espada de Shannara”.
No he leído los libros y los tengo anotados en mi lista de pendientes ya que la serie de televisión, a pesar de ciertas carencias, me ha intrigado.
La idea en si no me parece ninguna novedad actualmente (supongo que en el año 77 si lo seria). Un  elegido, un viaje, una misión, los únicos que pueden detener a aquellos que quieren destruir el mundo… suena demasiado típico de esta literatura. Pero hay otras cosas que hacen diferentes las historias, esas cosas que normalmente son las que después recordamos, las que nos inspiran. Y en las imágenes previas a cada episodio podemos ver un mundo devastado, ciudades modernas arrasadas por el fuego y el erial en que se convierte el mundo hasta heredarlo los elfos, elfines, elfinas… como los llamen. Orejas picudas para que nos entendamos bien.
Las imágenes que se repiten al inicio de los episodios cobran sentido mediante observamos los capítulos de la serie y observamos coches en estado ruinoso, esqueletos de estructuras de gigantescas edificaciones construidas en acero y actualmente cubiertas de maleza… imágenes que, si no iguales, son muy similares a las que mi imaginación había creado pensando que eran ya de por sí originales.

Y tal como decía mi colega Victor, obras que actualmente nos parecen innovadoras no dejan de ser una reinvención de obras anteriores. Si la saga de libros que giran en torno a la Tierra Media la consideramos una de las fuentes de la que parten las obras de fantasía moderna, para escribirla Tolkien bebió de la literatura germana y sagas épicas como Beowulf o Cu Chulain. Y si Canción de fuego y hielo nos parece una vuelta de tuerca al género fantástico, esta no deja de tener una base en  novelas tipo “La flecha negra” o “Ivanhoe”.
Hablamos de nuevas tendencias, de reinvenciones sin pensar que debido a nuestra edad y la literatura que vamos consumiendo con el tiempo, todo lo actual se vuelve repetitivo si lo comparamos con lo antiguo, y no recordamos que incluso Cervantes en el Quijote ya nombraba a “Amadis de Gaula”.

Al final, los productos que más se consumen son aquellos que han creado tendencia. Aquellos que, debido a que una obra ha triunfado, surgen a su alrededor como hienas tras la jugosa presa del león buscando su trozo del pastel… Por supuesto, sin inventar nada nuevo, o raramente haciéndolo pero en todo caso tratando de buscar la originalidad de algo que ya existía para que la nueva creación se identifique del resto.
Sucedió en su día con D&D, con Tolkien, con Vampiro, con los mitos de Lovecraft (aunque este parece que siempre está de moda), etc.

Al final esto es como la moda de la ropa (son modas igualmente), cuyos diseños se repiten cada ciertos años aunque con un toque distinto, más… moderno, dicen… y al cabo de cuarenta años, los pantalones de pata de elefante que vestían nuestros padres y que en los años 90 eran mas horteras que un ataúd con pegatinas, resulta que de nuevo se ponen de moda a principios del siglo XXI…

No me extraña que muchas de las novedades que surgen hoy en día sean títulos de juegos que hacia años ya no se veían en las estanterías. Es como esa serie que echaron en no se que canal, “La chica de ayer” creo que se llamaba. Como la canción. No me refiero a juegos que desde el inicio se han mantenido en el mercado con ediciones cada cierta cantidad de años como D&D, o Ars Mágica, si no a otros que han surgido en parte aprovechando la morriña de los jugadores por esos juegos con los que se iniciaron en su día, o que se lo pasaron tan bien en sus años mozos. Vampiro, Rune Quest, Pendragon, etc. y que han triunfado en cuanto han salido a la venta.

Todo tiene su público, su modelo de comprador y de jugador, pero es fácil entender como iniciativas como “Pequeños detectives de monstruos” “Svavelvinter” u “Hora de aventuras” hay menos en comparación con muchas de las últimas novedades. El riesgo solo mola en la mesa de juego, no a la hora de llevar una empresa. Y es que como con todo, los temas de dinero son complicados y hay que tratarlos con mucho cuidado.

Entradas populares