Partidas de un solo jugador

Hace poco tuve el honor de ser invitado a Makros, una serie de partidas de rol jugadas por Hangout dirigidas por J.D. Otero. Cada partida es individual y de corta duración. Fue mi primera vez jugando por Hangout y a pesar de que sigo prefiriendo jugar en mesa, fue una grata experiencia. Supongo que tener para mi solo al director de juego ayudó mucho, pero no puedo afirmarlo por qué ha sido mi única experiencia, que espero poder repetir con el tiempo.

Hace años que no había jugado una partida de rol de un solo jugador (DJ + PJ) y la primera vez que he participado en el papel de jugador. Mis anteriores experiencias siempre tuve el papel de DJ y la verdad, aunque tengo recuerdos positivos de aquellas experiencias, no las recuerdo como algo especialmente memorable. Más bien al contrario. Típicas partidas batalleras sin pena ni gloria donde me encontraba torpe y limitado a la hora de narrar.
Fue hace mucho tiempo, de modo que es posible que la experiencia que tenia en aquella época tuviera mucho que ver o a saber qué.

Pero esta partida de Makros fue diferente o así me pareció. Me gusta jugar con otros directores de juego por la posibilidad de aprender formas de narrar, estilos, maneras… Esta partida surgió como una conversación y, aunque no he jugado, me recordó a todo eso que se dice de Dungeon World de crear partidas y entornos mediante conversaciones, etc. La verdad es que no se muy bien que quiero decir eso que explican de DW, pero me recordó a ello.


Ya no recuerdo que es estar en el papel de DJ en esta situación, pero supongo que tiene que ser duro. Duro por qué solo hay un jugador y si no tiene agilidad para realizar cosas, tener ideas, ser activo en el juego y sobretodo, tener interés en la partida y enterarse de que va realmente puede ser muy jodido.
El jugador y por ende su personaje están solos. Si la cagan no hay nadie que les ayude, no tienen detrás al clérigo para lanzar el sanación o al compañero orco con su ametralladora automática cubriéndole la retirada. El jugador seguro que se siente inseguro en cada decisión (yo lo estaba), existe una incertidumbre mayor, un “miedo” a la soledad pero nos vemos involucrados y hay que seguir hacia delante. Un fallo es la muerte, una mala tirada un posible desastre, no hay segundas oportunidades, la caballería no está de camino…
Por otro lado, si el jugador es un tanto avispado, tiene al DJ para el solo. Puede preguntar, puede hacer cualquier cosa. En realidad, tiene todas las posibilidades del mundo y todo el tiempo del mundo para hacerlas ya que el DJ no se tiene que ocupar de guardar tiempos de juego entre jugadores. Ese jugador, es un privilegiado en cierta forma.
En mi opinión, las partidas de un solo jugador se asemejan a una serie de televisión o un libro donde exista un único personaje protagonista. La acción se centra en él, sus acciones marcan el ritmo y acapara todo el protagonismo de la historia. Esa historia que están creando entre dos personas, que lo ideal serie que fuera de forma fluida de forma que se describiera el entorno, la situación, los personajes tal y como podemos descubrir leyendo una novela.

Por más que le doy vueltas a esta forma de juego, no encuentro posibles ayudas o mecánicas que ayuden a favorecer la narración. He de suponer que entre las cosas más importantes es el mantener un ritmo adecuado de juego y una conversación fluida a la hora de presentar las escenas e intercalarlas con la narración.
Si el DJ establece un monologo con las descripciones es muy posible que el jugador se sienta como un mero espectador. Si el jugador tiene poca información puede sentirse perdido y no saber que hacer ni como actuar; Si el jugador no se atreve a lanzarse a la acción el DJ debería intentar  incentivarlo; Si el DJ narra escenas demasiado encaminadas el jugador puede sentirse frustrado; Todo esto con la intención de mantener esa fluidez de conversación que crea la historia, la escena o narración.

Me parece increíble como algo tan simple como variar el número de jugadores puede variar tanto nuestra forma de ver o entender el juego. De abordar las escenas, la narrativa y la presentación de la historia de diferente manera y tener en cuenta otras consideraciones que cuando el número de jugadores es mayor no tenemos en cuenta.
Me siento tentado a experimentar todas estas cosas para salir de mi zona de confort y enfrentarme a situaciones no habituales para mejorar mi estilo, para conseguir esa versatilidad que creo imprescindible en un buen director de juego. La improvisación y agilidad mental necesarias para hacer que una partida sea un éxito a pesar de las circunstancias. En mi opinión, el enfrentarse a un solo jugador puede ser uno de esos retos. Quizás uno no muy difícil y que con el tiempo, como con todo, sea fácil habituarse y aprender a manejarse con soltura. Pero el reto no es saber hacer una cosa, sino saber hacer bien una cosa más.


No es la forma de juego que más me apetezca practicar pero es una posibilidad adicional, una que puntualmente la mayoría de los DJ ejercemos cuando separamos a un personaje para describir cierta situación, cierta escena o dar información que tan solo él conoce. Estas pequeñas escenas de juego no se puedan comparar con jugar una sesión entera con un único jugador, pero son un inicio, una parte del juego en las que como DJ, no podemos fracasar. La distancia corta del juego de rol. Las partidas de un jugador.

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