La magia de la maquetación

Desde que colaboro con PXmagazine he aprendido un montón de cosas sobre el mundo del rol. Teoría surgida de debates y revisiones de artículos; como dar forma a las ideas que forman un texto (aunque todavía me falte saber ordenar todo ese vomito de palabras que surge de mi); lo importante del trabajo de equipo a la hora de sacar adelante un trabajo que, desde fuera, parece sencillo y rápido de  hacer; etc.
Todo ello, inevitablemente, ha hecho que poco a poco mejore algo mi forma de expresarme de forma escrita (hablando sigo expresándome como el culo), aunque todavía me falta mucho. Además de darme cuenta lo importante que es, que alguien que no sea el autor lea cualquier texto para descubrir esos fallos tontos (o no tan tontos), que hay en toda obra. Pero lo que mas me ha sorprendido, es la impresión que da ver la conversión de un trabajo en texto plano a su evolución tras el proceso de ilustrarlo y maquetarlo.

No es nada que deba sorprender a alguien, claro. Maquetado todo queda más bonito, aunque sea en un formato cutre a Word.
El caso es que he visto algunos procesos en los últimos meses y ese cambio que sufre toda obra una vez que se muestra maquetada al público, y ha sido como una especia de revelación. Ha sido como ponerme gafas ante algo que tenia delante y no veía, a pesar de que estuviera ahí desde siempre.

Desde hace unas semanas estoy viendo como algunos compañeros de revista hacen magia ante mis ojos mostrándome sus trabajos, aplicados a esos textos que yo u otros habíamos aportado anteriormente. Textos que, aunque su contenido pueda ser bueno, no llamaban más la atención que el resalto del negro de las letras sobre el blanco de la pantalla.
Es curioso como, tras leer una aventura o una ayuda de juego que me ha gustado mucho, me quedo con la idea, con la genialidad del escritor. Pero, cuando ves esa obra tras pasar su proceso de crisálida, la obra se transforma y el escritor, parece quedar en segundo plano. No me extraña ahora por qué de la importancia de la maqueta y la ilustración. No me extraña el valor de esos genios de la lámpara que hacen que, un texto con el que podemos soñar, se haga físico y real.


Para mi, ahora, cobra aun más relevancia el debate sobre la importancia de la ilustración y los juegos hechos para jugar, porque, si bien un texto plano sirve igualmente para jugar a rol, la maqueta e ilustración nos ofrecen la sal y pimienta de la comida de mediodía. Esas especias que sin ellas, el plato no se nos presenta de forma tan apetitosa y posiblemente dejáramos la mitad de la comida en el plato en lugar de en nuestras barrigas.  Al igual que nos dejaríamos parte del plato de comida ante la falta de esas especias, dejaríamos un juego de rol en la estantería de una tienda por qué no nos llama la atención. No nos invita a mirar sus tapas y a devorar su exquisito contenido.

En estos momentos, se me hace difícil saber de quien es realmente una obra. Aunque en el lomo de la portada aparezca el nombre del autor, es tan cierto que el juego sea suyo como que sea propietario de la luna. Y es que, aunque el autor haya invertido muchas horas y volcado su genialidad en el texto, ver una obra acabada es posible debido al trabajo de todo un equipo. ¿Quien es más importante el capitán o los marineros?

Por supuesto, el autor tiene su mérito. No pretendo quitar el merito de aquel que ha sembrado la semilla, la ha abonado, regado y después de un tiempo cuidando la tierra trabajada, recoge los frutos de su esfuerzo. Solo pretendo decir que, el merito de que un cliente en potencia escoja entre otros productos ese manual de juego, es posible que no sea suyo. Es gracias a otros que, una vez captada la atención, el cliente da la oportunidad de sumergirse en la mente del autor para descubrir cuan genial es su obra. No antes.

Me siento como un ciego que de repente recobra la visión tras mucho tiempo sin ver la luz y los colores. En ese momento, y no antes de perder la vista, valora aquello que tiene delante.

Las cosas más mundanas son las más hermosas, los colores son magia hecha realidad, la brisa primaveral en la cara un soplo de energía que nos ayuda… 

Creo que nunca volveré a mirar un libro de rol con la misma actitud.

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