La "verdadera" edad dorada del rol

Los debates sobre si nos encontramos en una edad dorada del rol en nuestro país o en los recuerdos de aquellos maravillosos años noventa, cuando el rol se podía encontrar en las estanterías de muchas grandes superficies, llenan de comentarios las redes sociales. Pero el otro día, leí una opinión sobre “la verdadera” edad dorada del rol que me dio que pensar. La reflexión forma parte de una entrevista que se hará publica dentro de poco.

Esta “verdadera” edad dorada del rol es algo muy personal. Por supuesto, eso de verdadera es algo que se puede discutir y por eso entrecomillo la palabra. No es algo que yo personalmente crea que es así, pero la reflexión creo que se encuentra encaminada por esos derroteros, y es que esta nuestra afición es algo que conocemos poco a poco, pero solo lo descubrimos una vez.

¿Recordáis vuestras primeras partidas de rol? ¿Recordáis esa época en la que jugábamos constantemente y todo aquello que sucedía nos sorprendía? ¿Recordáis la emoción y el halo de misterio que rodeaba cada sesión? En esa época que todos los roleros hemos vivido (algunos la están viviendo actualmente) somos como niños pequeños que vamos descubriendo el mundo paulatinamente, sorprendiéndonos por cosas simples que los adultos obvian o no tienen en cuenta, debido a la cantidad de veces que lo han visto/ usado/ hablado de ello.
Mirad a un niño de no se, uno, dos o tres años y enseñarle por primera vez una lagartija, un perro, el cielo azul, como se enciende una bombilla… es sorprendente como cualquier cosa es increíble en esa edad, al igual que es sorprendente cada suceso que ocurre en la mesa de juego las primeras veces que jugamos a rol, y no sabemos que ha preparado ese tipo de detrás de la pantalla.  

Detrás de la pantalla… tan pocas palabras no podrían esconder mayor cantidad de misterios y respuestas sin responder… todavía…
Con el tiempo, que esconde y que piensa el tipo ese de detrás de la pantalla se vuelve menos misterioso. Ya sabemos que una historia se divide en inicio, nudo y desenlace. Que los goblins son los malos, que las mazmorras tienen trampas, que los ogros magos son enemigos difíciles, que existen los dooplenagers, que los setitas son unas verdaderos bastardos, que el sabatt es una camarilla camuflada y que un dragón, es un dragón aquí y en la china, de modo que no te pongas delante de sus fauces. Cuando todo esto ya es sabido, cuando en la mayor parte de las ocasiones el narrador ya no te sorprende, cuando las historias se vuelven monótonas, en ese momento, tu edad dorada del rol ha pasado… sin darte cuenta… es un paso a convertirnos en “jugadores de rol adultos”.


Por supuesto, ser adulto tiene sus ventajas. Ser niño no es todo bueno. Tiene ese halo de inocencia, ese recuerdo tierno que nos gustaría mantener siempre, esa ilusión de abrazar todo aquello que se presenta ante nosotros… pero nos falta mucho por saber. No conocemos la vida ni el rol. Es en nuestra edad dorada del rol cuando lo descubrimos, cuando disfrutamos cualquier cosa por pequeña que sea (la primera vez que el grupo mata a un dragón). Poco a poco descubres que es el rol y asimilas ideas, historia, conocimientos… te haces más sabio y ves la mierda que hay aquí y allí. Descubres muchas cosas buenas, pero tambien otras malas y lo que antes parecía estar rodeado por un brillante halo de pureza blanco, ahora es más bien gris. Conocemos sus secretos, sus formas, sus misterios; sabemos como manejarlo, como usar a nuestro favor cierta técnica u esta otra regla; Conocemos monstruos, mundos y la forma de recorrerlos y derrotarlos. Nos hemos vuelto más sabios (sabio es el que sabe), pero, con ello hemos perdido ilusión. Hemos dejado a tras nuestra edad dorada.

No todo es malo al haber superado esa edad dorada del rol. Y es posible que, algunos, disfruten más su actuales vidas como roleros que cuando eran más jóvenes. De hecho, yo mismo, creo que disfruto más de las pocas partidas que juego actualmente, que la gran cantidad de partidas que jugaba con 17 años. Quizás sea por que después del tiempo pasado y la lluvia caída, ya no lo recuerdo. No tengo la misma energía, no me causa tanta ansia, pero sigo esperando que llegue el día de la partida como esperas llegar a casa para ver a tu mujer y tus hijos.
Antes tenia un mundo por descubrir por delante de mí, ahora, me siento capaz de manejar ese mundo, de corromperlo, de alterarlo y hacerlo mío. ¿Qué es más sugerente? ¿Qué me pone más? El misterio o el control. Es algo personal y que cada rolero debe sentir por si mismo.
He de decir que esa sensación de “todo el tiempo pasado fue mejor” que recoge esta reflexión no la siento en mi persona. Sigo disfrutando de esa emoción de sentarme en la mesa y sentir el misterio de a donde llevaran los pasos de mi personaje o que sucederá por la cabeza de mis jugadores cuando soy yo el que se sienta detrás de la pantalla. No se que causa más misterios, la incertidumbre de no saber que ha preparado el director de juego, o saber como resolverán o plantearan los desafíos que presentas en la sesión de juego.

Pero, a pesar de todo. A pesar de adquirir todos estos conocimientos, de aprender a disfrutar de la afición, de saber que hay mucha más gente en sus casas jugando sábado tras sábado, de saber que hay muchos juegos con maneras diferentes de jugar, y que podamos maravillarnos de todas las aportaciones de la comunidad y las editoriales. Descubrir el rol, solo podemos hacerlo una vez. Y una vez descubierto, la caja de pandora se presenta vacía ante nosotros, esperando que la sensación de curiosidad, intriga, miedo y emoción de abrir la caja vuelva  repetirse. Pero eso, no va a suceder.


Solo nos queda recordar la sensación, y disfrutar de lo aprendido.

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