Rol por diversión, rol por trabajo

Desde hace mucho tiempo, tengo la opinión que hay que separar muy claramente el trabajo de nuestras aficiones.
Se que hay muchos que repiten esa frase que dice algo así como “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. Menuda falacia. Puede gustarte algo que haces, pero al final sigue siendo trabajo y cualquier trabajo termina agobiando, termina saturando al volverse repetitivo, anodino y sentir el peso de la responsabilidad.
Así me siento últimamente. Llevo varias semanas sin ganas de escribir a pesar de que se me ocurren varias ideas… ideas que anoto en un papel para que no se m e olviden y es que entre la vida comprimida que llevo y, las cosas que hago y quiero hacer de rol, al final, resulta que el rol termina siendo una obligación más y eso no es bueno.

Hablaba hace meses de eso de cobrar como máster y es en estos momentos cuando me doy cuenta que yo no podría dedicarme al rol como profesión precisamente por esto. No me puedo imaginar el agobio que tiene que sentir Zonk P.J. con su patreon y los encargos de aventuras y módulos, o cuando leo del Sr. Panda o a Carlos de la cruz que le han encargado tal o cual cosa, o que han traducido aquello otro (por nombrar algunos de los muchos que hay). Que si, que mola, pero… uuff, no para siempre. Trabajo ya tengo uno, además de otros deberes y responsabilidades, como para que el rol, mi afición, ese “algo” que me ayuda a liberarme de la banalidad y los problemas mundanos se convierta en una carga más.

Y es que esa es la diferencia entre una afición y un trabajo. El trabajo lo realizamos por obligación. Es un deber, una responsabilidad algo ineludible que realizamos para conseguir dinero para poder vivir. Una afición, aunque pueda darnos algún aporte económico, no consiste en ello, sino en disfrutar de lo que hacemos. No es una obligación, lo hacemos porque queremos. Aunque tengan algunas similitudes, el concepto, el por qué lo hacemos es lo que marca la diferencia. Cuando nuestra afición ya no la practicamos por que queremos, sino que se convierte en una obligación, deja de ser afición para ser trabajo. Un trabajo sin remunerar, pero un trabajo a fin de cuentas.

Esa elección de poder hacer o no hacer, es lo que hace la afición una afición, algo que nos gusta hacer pero solo lo hacemos por diversión, por liberarnos. Ya puede ser jugar a rol, cuidar bonsáis o mirar las estrellas. Por qué en ocasiones, hace falta poder decir basta si lo que haces no te gusta. Parar, respirar profundamente y cambiar de aires o darte un tiempo, cosa que con un trabajo, normalmente, no podemos hacer. Y en el próximo, si es que hemos cambiado tampoco. Seguiremos con nuestras obligaciones, nuestros horarios, nuestros agobios y obligados a realizar algo por la miserable plata de fin de mes.
No hay dinero que pueda pagar por los ratos que he disfrutado jugando con mis amigos, por haber visto las caras expectantes de los jugadores cuando relato algo, leer los agradecimientos y consejos cuando alguien lee una de mis escasas aventuras, los cafés con mis amigos y jugadores antes de la partida o jugar con algunos amigos  cuando hay que buscar alguna excusa para vernos las caras.
Mis libros podré comprarlos con la Master card, pero lo anterior, no tiene precio.


Supongo que muchos pensareis de forma similar, otros quizás no y otros no hayáis experimentado todavía una situación como para poder saber cuando una afición deja de serla.
Como decía al inicio, esta manera de pensar no es actual. Hace ya mucho tiempo, cuando entre mis aficiones se encontraba la recreación medieval, ya tenia este pensamiento, incluso antes. Entre mis amigos de esa época y de aquella afición (aunque tambien de rol), los había que pensaban en aquello como una manera de conseguir dinero y simplemente los dejé ahí, con su manera de pensar y yo me dediqué a lo mío. Podéis pensar que soy radical, pero tendríais que haber vivido las situaciones que viví en esa época, que no quiero volver a vivir y que precisamente, por ser algo que no quería que sucediera, lo dejé, demasiado tarde me temo, pero lo dejé. Es sencillo, cuando algo no es una obligación puedes hacerlo, y así, practicarlo como te sale de la real gana (siempre respetando al prójimo, claro está).

Todo este royo, que tras releerlo me recuerdan a los lloros de un niño, no son para conseguir arropo de nadie, sino para indicar que, lo más probable, es que este verano haga un parón de publicaciones.
Traducciones o revisiones de aventuras, el blog, PXmagazine y mi campaña mensual están resultando demasiado para mí en estos momentos. Demasiadas cosas para mi escaso tiempo libre, y aunque las hago con gusto, al final son muchas cosas. Necesito sacar la cabeza por la ventana, mirar las nubes y coger de nuevo una bocanada de aire fresco para recuperar fuerzas.

De modo que, si este verano pasan algunas semanas en las que los lunes, miércoles y viernes no aparece ninguna publicación de la Biblioteca de Dol Amroth, no os preocupéis, La biblioteca volverá más pronto que tarde con energías recuperadas. Puede que Ocín no falle ninguna semana, pero yo no soy un programa creado por ningún genio.


Tras todo esto y rompiendo un poco el esquema seguido hasta ahora, os dejo algunas preguntas en el aire. Sabiendo que tendríais que dedicar 8 o más horas diarias a escribir rol ¿Os gustaría dedicaros a vivir del rol? No hablo de hacer una aventura al mes y olvidarte. No, hablo de trabajar todos los días 8 o más horas, sin dejar de hacerlo y además, con un mínimo de calidad y paginas escritas. Con alguien encima pidiéndote una muestra del trabajo, preguntando como vas, pendiente de la fecha de entrega, de las críticas, de las revisiones, de si se ha entendido… Pensando bien y después contestad ¿Os gustaría vivir del rol en esas condiciones? ¿Que precio tiene que algo que haces por afición se convierta en tu trabajo? ¿Cuál seria vuestra afición a partir de ese momento?

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