¿Con quien aprender a rolear los jovenes?

Este artículo no pretende ser otro de los muchos textos que recorren por ahí hablando sobre el oscuro futuro de nuestra afición (o no tan oscuro). Tan solo quiero lanzar una reflexión al aire. Una reflexión sobre una de las posibles causas de que a los jóvenes les cueste tanto iniciarse en nuestra afición. De este modo hablaré sobre de los jóvenes roleros, de aquellos que se encuentran todavía en sus inicios como jugadores o son jugadores en potencia, pero no como crítica ni como agorero. Tan solo, como ya he dicho, lanzando una reflexión al aire.

Esta reflexión ha surgido tras leer varios artículos que hablan sobre la integración de la mujer en el mundo del rol.
Yo no soy quien para indicar por qué la afición parece no tener relevo generacional (que yo creo que si lo tiene) o por qué las mujeres son una parte minoritaria en el rol. Pero parece que hay alguna gente, que opina que es posible que la cantidad de mujeres que juegan a rol no sea mayor, en parte, porque con quien tienen el primer encuentro rolero no es con otras mujeres, y con ello no se encuentran seguras, cómodas…


No quiero centrarme en el tema de las mujeres en este artículo, no me interesa centrarme en él para tratar lo que quiero desarrollar, pero es la base de su reflexión. Pues si es posible que con las mujeres ocurra eso ¿Por qué no debería suceder lo mismo con los jóvenes?
Al igual que sucede con tantos grupos sociales en los que nos dividimos la sociedad humana, solemos agruparnos junto a otros miembros de nuestra especie con los que tenemos algo en común, de forma que podamos encontrar ese rincón donde formar parte de algo más grande, sentirnos cómodos, pertenecer a algo pero seguir siendo nosotros mismos. Conservar ese individualismo inherente al ser humano pero siendo parte de algo más grande.
Todos los grupos, por muy grupos que sean están formados por subgrupos o grupos más pequeños. Un club de rol es un grupo de jugadores de rol que se reúnen o forman una asociación para poder ejercer su afición. En este caso el rol. Pero es raro que un club de 40-50 miembros se mantenga totalmente unido. Que cada uno de sus miembros sienta un afecto y empatía exactamente igual por el resto de los miembros que lo forman. Sus causas serán diversas. Son nuevos, juegan a juegos distintos, no le gusta la cerveza… y uno de los motivos que puede influir en la intensidad de empatía y afecto que un miembro de un club tiene sobre el resto, puede ser la edad.

Si, a alguien de 30 años igual le da lo mismo jugar con alguien de 20 años que con uno de 50 años, pero es posible que a alguien de 20 años si le de reparo jugar con un “abuelo” de 50 tacos por muy buen jugador que sea. Y no hablemos si hablamos de alguien menor de 20 años.
Nos encontramos que aquellos que organizamos jornadas y eventos, solemos tener ya algunos años a nuestras espaldas, y por muchas ganas que tengamos de jugar y buenas intenciones de fomentar la afición, en ocasiones existe una barrera generacional que impide que para alguien de 20 años o menos se acerque a jugar a rol con un tipo calvo o con canas, barrigudo o con niños.

Ese rechazo producido por la edad, o mejor dicho, por la aparente edad que un jugador tiene, puede frenar que un grupo de jóvenes se acerque a la afición.
Me da la impresión que podría suceder, que alguien de esa edad vea que este podría ser una afición de abuelos. Igual no, pero si comparamos nuestro no tan viejo rol con los videojuegos, con ese aire tan moderno y facilidad para jugar, parece que desluce un poco ¿Qué es eso de hablar y escribir a mano? Lo dicho, cosas de abuelos.



Con los niños muy pequeños siempre se dice que: los niños tienen que estar con niños. Es decir, por muy niñero que sean sus padres o abuelos, los niños aprenden mucho jugando entre ellos. Cosas que los adultos, por mucho empeño que pongamos, no podemos enseñarles.
Es posible que con los jóvenes jugadores de rol ocurra eso. Que para que su número aumente, quien debe enseñarles son otros jóvenes. Un compañero de clase, su vecina del cuarto, o el grupo ese de “empollones” que se reúne después de clase para jugar con “muñequitos” y tirar dados en lugar de jugar a futbol.

En mi entorno, viendo a los jugadores de rol que conozco, sabiendo quien juega en mi comunidad y quien vamos a las jornadas, siempre me he preguntado por qué no existe mayor cantidad de esa “juventud rolera” si con su edad los de mi generación si asistíamos a esos eventos. ¿Por qué no llega esa llamada a filas y su presencia no se hace visible? Es posible, solo posible, que sea porque nos vean como a una panda de viejos. Y ¿Quién quiere estar con los viejos?

Me paso por tiendas de rol y comic, y veo a niños y no tan niños, comprando y jugando a juegos de cartas, mesa y rol. Unas veces más o tras veces menos cantidad, pero los veo. Están ahí. Lo sé.
Quizás sea momento en que los viejos lobos guardemos los colmillos, demos un paso a tras y dejemos a ese supuestamente inexistente relevo generacional que salga y vea la luz. Es posible que no dejemos de hacerlo porque creamos que no están preparados, que no están ahí… pero tambien es posible, que sea por que el viejo macho alfa de la manada no deja que los jóvenes lobos marquen su territorio, por miedo a ser relegados, desplazados… o por ese orgullo que nos impide retroceder en nuestro camino.



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