Crónicas de Exoristeí

Decía hace algunas entradas que desde hace un tiempo estoy desarrollando algunas ideas para jugar aventuras en una ambientación propia. Una más de tantas en realidad...
Pero esta vez tengo la intención de mostrar poco a poco el material que tengo escrito por si a alguien le interesa y para recibir sugerencias sobre lo creado.
Parte de este material consta únicamente de descripción del mismo, otra parte pertenece a la creación de personajes para usar con Dungeons & Dragons quinta edición.

En esta pequeña introducción presento un poco una idea de como se podrían encaminar algunas aventuras. Una idea de tantas claro.

La estética del mundo de campaña que tengo pensado es cercano al mundo antiguo, celtas, griegos, íberos, germanos, egipcios, fenicios, sumerios... pero con tecnología militar algo más cercana a los inicios de la alta edad media. Quizás algo similar a los primeros siglos tras el nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero no mucho. Me gusta la idea de a existencia de civilizaciones organizadas y fuertes aunque se encuentren en declive.

Inicialmente no tengo pensado incorporar otra raza que no sea la humana, aunque divididos en varias culturas. Inicialmente cuatro, creo. Con algunas subculturas. Es posible que en un futuro incorpore razas no humanas. Después de todo es un mundo fantástico y ya se sabe que ocurre en esos lugares.

Y por hoy no os cuento nada más. Os dejo con el mapa provisional del lugar de campaña inicial, aunque como ya comenté el lugar inicial es un punto mucho más concreto, y la introducción a ese entorno de campaña.
Espero vuestros comentarios.


Las antiguas crónicas afirman que en los días anteriores a la Guerra de los dioses, el Imperio Éllines amenazaba con dominar el mundo.
Implorados por sus fieles, las deidades descendieron al mundo junto a sus más poderosos sirvientes, y  combatieron contra humanos y otros dioses en una guerra devastadora. Murieron millones de mortales, se destruyeron ciudades, las aguas sumergieron extensos territorios, el paisaje se transformó mediante los cataclismos se sucedían, e incluso los mismos dioses murieron en batalla.
Las historias cuentan que Exoristeí, donde el Kédros gobierna con generosidad y sabiduría, fue casi destruida por los constantes cataclismos. El brazo de tierra que lo conectaba con el continente se convirtió en un archipiélago cuyas aguas permanecen siempre cálidas, y en cuyo centro, se levanta una gran columna de humo que no ha dejado de expulsar emanaciones desde aquel nefasto día.
Cuentan los pocos marineros que han regresado tras navegar por esos mares, que en el lugar no existen criaturas que no intenten devorarte y que se puede ver como hierve el agua cerca del centro del archipiélago.  A pesar de los peligros de ese lugar, aventureros, piratas y rufianes, tientan la suerte para explorar y saquear las múltiples ruinas que todavía hay en pie.
El sabio Efraím en sus memorias, cuenta que algunas de esas ruinas son extrañas, y no construidas por el hombre…
Los libros sagrados cuentan que los dioses, conscientes de todo el daño que habían causado, y para evitar que todo cuanto conocían fuera destruido, decidieron detener la guerra y regresar a sus moradas. Para ello, junto con los acuerdos de paz que los humanos fueron obligados a aceptar, se crearon La leyes de Eiríni, por las cuales, los dioses nunca más podrían combatir entre ellos o interferir directamente en los asuntos de los mortales, bajo pena de castigo por el resto de los dioses.
De este acuerdo comenzó una era dorada en la que los mortales levantaron reinos e imperios, construyeron ciudades y se extendieron por el ancho y vasto mundo. Pero no todos los dioses respetaron las leyes de Eiríni…
Dioses proscritos a los ojos de otras divinidades y de los mortales, se alzaron desafiando las leyes en contra del poder de sus divinos hermanos. Los renegados formaron ejércitos, intrigaron, y manipularon a los mortales hasta crear sus propios reinos, enfrentados entre ellos en una guerra que amenazó de nuevo la propia existencia del mundo.
Los hombres rezaron a los dioses sin que ninguna respuesta llegara, ningún dios abandonó su morada para ayudar a los mortales aquella vez, y los días de oscuridad fueron largos y tenebrosos.
Hasta que un día, muchos años después, una mujer se alzó contra la represión que los dioses renegados ejercían sobre su pueblo. Se enfrentó contra aquellos a los que servía y los venció, iniciando una revuelta que creció hasta convertirse en una guerra, liderando un gran ejército  que derrotó a aquellos que parecían intocables. Su arrojo, osadía y determinación, sirvieron de inspiración para otros, y de los más recónditos  lugares surgieron líderes que guiaron a hombres y mujeres a la batalla.
La victoria no fue sencilla, ni rápida. Hubo muertos, muchos. De nuevo, ciudades enteras fueron destruidas, los campos y bosques fueron arrasados y los hombres se enfrentaron contra los dioses en una lucha por su existencia, hasta que los renegados fueron obligados a huir y esconderse.
En aquellos días, se fundó la Orden de los Guardianes, formada por valerosos y capaces  hombres y mujeres de todos los estratos sociales para descubrir, perseguir y combatir a los renegados y sus siervos. Desde aquel día, el hombre ha tenido siempre un protector dispuesto y preparado para defenderlo de aquellos que quieran causar su ruina.
Caleb Sparza Gran maestre de la Orden de los Guardianes

Entradas populares