Elementos defensivos en la fantasía medieval

En ocasiones observamos como en los mundos fantásticos, existen grandes y poderosas criaturas que pueden amenazar las poblaciones creadas por las distintas razas y culturas. A menudo, las descripciones de algunas urbes apenas muestran elementos defensivos que sirven para impedir que esas poderosas amenazas destruyan el lugar.

Es evidente que las urbes pequeñas tendrán menos elementos defensivos que aquellas más grandes. Es decir, las defensas que una pequeña aldea (si tiene alguna) serán menores que las de un pueblo de más de medio millar de habitantes y las de este serán menores que las de una ciudad donde conviven 5000 almas.

Los elementos más comunes que nos encontramos en esas descripciones son murallas y fortalezas de diferentes tamaño. Estos elementos defensivos parecen inútiles contra grandes amenazas como dragones, gigantes y otras criaturas de gran poder. Esto no significa que sean inútiles. Si bien la funcionalidad de esos elementos es posiblemente menor que en la edad media de nuestro mundo, las urbes de los mundos de fantasía medieval contienen muchas amenazas contra las cuales estos elementos son muy eficientes. Por ejemplo: Una empalizada de madera es poca defensa contra un gigante de las tormentas o un dragón, pero existen gigantes y otras criaturas más pequeñas como ogros, trolls o gigantes de las colinas que si impedirán su paso al recinto interior directamente. Aparte de estas amenazas significativas existen una miríada de amenazas menores contra las cuales estos elementos defensivos hacen un gran papel, como puede ser contra belicosas razas trasgoides, orcos o ejércitos de reinos enemigos.

Que los elementos defensivos mundanos tengan cierta funcionalidad no significa que sean totalmente eficientes tal como los conocemos. Una gruesa muralla de piedra podrá contener a un ejercito que asalte la población, incluso podría evitar que los gigantes de las colinas o los trols entraran, pero gigantes de mayor tamaño podrían salvar esos elementos defensivos. Es por ello que es posible que la altura de los muros de un castillo de un entorno medieval fantástico sean más altos y que en sus defensas se incluyan artefactos mundanos o mágicos creados para contener los ataques de las criaturas más grandes o criaturas voladoras. Balistas, fosos, trampas en el terreno, arietes portátiles, etc. deberían ser comunes entre las defensas descritas.
El potencial destructivo de estas defensas debe ser acorde con el poder medio de las amenazas (sin contar si la urbe se puede permitir o no ese elemento defensivo). Por ejemplo, si la mayoría de los dragones pueden ser abatidos con ráfagas de flechas y tan solo los más ancianos Gran wyrm no resultan afectados por esos proyectiles, la mayoría de las construcciones se abastecerán de arcos, ballestas, flechas y virotes pero no de balistas, a no ser que el poder económico de esa población sea tal que puedan costearse la compra y mantenimiento de esos elementos defensivos. Por ejemplo como sucedería en una gran ciudad.


Según la cantidad de población e importancia de la urbe, es posible que en su interior podamos encontrar templos, universidades mágicas, capillas o magos afincados que aportan un potencial defensivo mayor al lugar. Los lanzadores de conjuros arcanos sobre todo, debido a su gran variedad de conjuros ofensivos pueden ser muy útiles en un combate mientras se encuentran a salvo tras una poderosa muralla. Cualquier criatura teme el poder ofensivo de la magia y si es conocido que en un lugar se encuentra fincado un poderoso mago, o ya no digamos un gran templo consagrado a un dios o una universidad mágica, evitará el asalto a ese lugar si no es utilizando argucias. Es algo similar al principal empleo de los vigilantes de seguridad. Su presencia. Mientras un vigilante de seguridad se encuentra presente en un lugar hay menos posibilidades de que alguien trate de robar. Nada impide que lo intente, pero normalmente se suele evitar que así sea.

Además de lo anterior, es muy probable que cuanto más grande sea una población mayor cantidad de otros elementos defensivos más variados existan. El principal en muchos casos es la presencia de los aventureros. En los mundos de fantasía medieval parece que estos grupos de descerebrados metomentodo abundan como las piedras. Los aventureros, como ya sabemos, suelen estar formados por miembros con diferentes habilidades que coordinadas pueden ser letales. En muchas ocasiones, incluyen lanzadores de conjuros, que como dije anteriormente, son temidos por todo tipo de criaturas.
En algunas poblaciones, normalmente las más grandes y con gran poder económico, pueden existir tropas especiales que apoyen a la milicia de la ciudad, o que posean elementos defensivos muy poderosos. Por ejemplo, un poderoso grupo de mercenarios que es contratado para defender una ciudad podría tener armas de fuego.
Otras poblaciones podrían incluir unidades voladoras entre su milicia o ejército, o unidades de magos, y ya no digamos unidades apoyadas por clérigos de combate o sanación que aumentaran la resistencia y poder ofensivo de sus miembros.
No seria de extrañar que en algunos lugares se hubiera costeado la creación de estatuas vivientes que defendieran la ciudad en caso de ataque.
Todo lo anterior sin contar, que una vez que el atacante hubiera entrado en una población bien defendida, debe hacer frente a la resistencia de sus ciudadanos o las trampas existentes en los lugares mágicos que pudiera contener como torres de magos o templos, con las criaturas que pudieran existir en su interior.
Al igual que la presencia de balistas, armas de pólvora u otros elementos defensivos, la presencia de la magia aporta la oportunidad de reforzar la defensa de un lugar. Protecciones mágicas, glifos custodios, trampas mágicas, muros reforzados o con propiedades ofensivas, alarmas, etc. que a primera vista es muy posible que no sean diferenciados de elementos defensivos comunes. Si el interior de una torre de un mago está lleno de estos elementos defensivos ¿por qué no una gran ciudad?

Por supuesto, la presencia de la magia que nos aporta la oportunidad de la existencia de elementos para defender un lugar, tambien ofrece la posibilidad que el atacante posea elementos para anular esas defensas. Esto no es en realidad más que el juego ataque Vs defensa que existe en nuestro mundo desde que el hombre es hombre. Cuando se crea una defensa para evitar un arma, se idea algo para anular esa defensa y así sucesivamente.
Que exista magia ofensiva no anula la utilidad de usar elementos defensivos fantásticos, si no que nos dificulta un poco la tarea de creadores de mundos o directores de juego, tratando de aplicar con lógica ese enfrentamiento para superar al rival.


Es curioso como estas cosas no se tienen normalmente en cuenta y son fundamentales para encontrar cierta verosimilitud en los mundos de fantasía.

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