Habitantes de Exoristeí: Ivires

IVIRES

Pobladores nativos de Exoristeí, la isla de los mil reinos.

Hace cientos de años, cuando el Imperio de Éllada y otras naciones descubrieron los recursos que contenían esas tierras, colonias y ciudades costeras fueron construidas en abundancia, dominadas o cayeron bajo la influencia de potencias extranjeras. La enorme cantidad de estas ciudades en la costa transmitía la sensación de que la región se encontraba superpoblada y que el número de ciudades existentes, y con ello su poder económico, era elevado.

Las regiones del interior no quedaron tan expuestas a la influencia de los extranjeros a pesar que se inició un fuerte comercio.

Los intentos de conquista de esos lugares por el imperio fueron contenidos por las belicosas tribus y reinos ivires, que al final aceptaron alianzas a cambio de oro y territorios al otro lado de las Vouná tis Selínis (o cordilleras de la luna). Las tribus dejaron de luchar entre sí para enviar miles de soldados que se unieron a los ejércitos imperiales.

Tras la Guerra de los dioses, muchos de los héroes y líderes que ayudaron en la liberación de Exoristeí se alzaron como reyes y señores. Tomaron el control de algunas de esas ciudades gobernando sobre pequeños reinos o ciudades estado en una miríada de pequeños dominios enfrentados entre sí, unidos bajo el poder del Kédros, un rey de reyes elegido entre todos los señores de la Isla que dirime asperezas y rencillas entre los diferentes reinos.

Se conoce la existencia de cultos que adoran secretamente a los renegados, que trabajan y planean su ascensión de nuevo. Para luchar contra ello, el primer Kédros creó la Orden de los Guardianes, un grupo de fieles que actúan directamente bajo sus órdenes y  que son enviados a resolver los cometidos más arduos.

Apariencia: los habitantes originales de Exoristeí son nervudos, con cuerpos rectos y bien formados, narices rectas con tabiques pronunciados y labios finos. Su piel es bronceada o rosácea con cabellos y ojos oscuros normalmente almendrados. Los ojos verdes son frecuentes entre los pobladores de la costa y los ojos azules o grises en aquellos pueblos que han tenido relación con los séltiki del norte.
Tienen una estatura media superior a 1´60m y en raras ocasiones superan el 1´80m. 


Armas y armaduras: durante siglos se han producido en Exoristeí toda clase de convulsiones. Desde pugnas contra dioses renegados, luchas entre ciudades, alzamientos contra el Kedros y enfrentamientos contra todo tipo de criaturas salvajes. 
En general se pueden encontrar con frecuencia armas procedentes de entornos rurales como hachas, y las usadas para la caza como arcos cortos y jabalinas. Aquellos cuyo oficio es la guerra portan espadas y lanzas junto con rodelas de forma circular o cuadrada, decorados con grabados de linces, lobos, osos y otros animales de la región.
No es frecuente el uso de cotas de malla excepto entre algunos nobles o aquellos que tienen estrechos lazos con la gente de Ellada. El guerrero típico va protegido con una armadura de cuero, grebas y un casco de cuero, o bien si podían permitírselo un casco metálico que protegían la nuca y adornado con una cimera.
Entre los nobles y las tropas de élite es frecuente el uso de cotas escama o corazas, acompañados de cascos, grebas y brazales metálicos.

Ciclo vital: los ivires alcanzan la madurez al alcanzar los 16 años y alcanzan los 60 años de vida. Excepcionalmente superan los 80 años. 
En muchos reinos, ciudades y clanes existen todo tipo ritos de paso para demostrar que un hombre o mujer puede considerarse adulto. A partir de ese momento un ivir puede casarse y emanciparse.

Dinero: el uso de la moneda está poco extendida entre el pueblo llano y el medio rural. Su uso es más frecuente en las ciudades, sobre todo en aquellas más grandes donde los mercados y las ferias concentran gran número de población. El uso diario de las reales es de uso casi exclusivo de una elite, mercaderes y aquellos que viven en ciudades o centros de comercio. Los aventureros son una excepción a la norma. En general, se puede decir que tan solo aquellos que hacen negocios, tienen poder o intereses, lo necesitan y lo usan con frecuencia. Es posible que un campesino de la pequeña aldea junto al bosque guarde escondidos algunos reales de plata, pero nunca verá un marco en sus manos. Aquellas gentes que viven en el interior de las grandes urbes están más acostumbradas al trato con el vil metal, sin embargo las cantidades con las que tratan son en realidad pequeña. 

La moneda de cambio más común es el real. Un real está fabricado en plata con un peso de  4´6 gramos. Existen reales de mayor peso como los “reales dobles” con un peso de 9´2 y con un valor de 2 reales, y los “reales duros” o “duros”, unas enormes reales de plata por valor de 5 reales y con un peso de 23 gramos.
50 reales equivalen por un “marco de plata”. En realidad el marco no es una real, sino un valor mercantil que corresponde al peso de un marco de plata (230 gramos aproximadamente), que se suele ver en forma de lingotes que tienen este peso.
En las ruinas de antiguos lugares olvidados o acuñadas por orden expresa del kedros, existen unas pequeñas reales de gran valor. Los nombres que tuvieron en la antigüedad se han olvidados ya. En la actualidad se llaman “marcos del rey” o “cuartos” y son unas pequeñas reales de oro de 4 gramos cuyo valor de cambio asciende a cuatro marcos de plata.

Estilo de vida: la sociedad ivir está fuertemente jerarquizada en castas sociales muy dispares, todas ellas con una perfecta y bien definida misión para hacer funcionar correctamente una sociedad que depende de ella misma para administrar sus ciudades. Aquellas más respetados son la casta noble (nobles guerreros en realidad) y la guerrera, seguidas por los artesanos, los sacerdotes, que perdieron gran parte de su crédito tras la Guerra de los dioses, el pueblo llano que compone el 55% del censo , y por supuesto en último lugar los esclavos que constituyen alrededor de 30% de la población.
En muchas ocasiones, la diferencia entre la vida de alguien que pertenece al pueblo llano y un esclavo no existe, excepto por la libertad o derechos que está protegido ante la ley.

Exoristeí, la región donde vive la mayor parte de población ivir, está dividida en decenas de decenas de pequeñas ciudades estado, cuyo rey o concilio gobierna en la ciudad y los territorios que domina, pero deben lealtad al Kédros, un rey de reyes que actúa como juez imparcial para evitar guerras entre los diversos reinos, y como protector y general ante los peligros que acechan a los reinos de Exoristeí.

Las ciudades ivires no tienen mucha población. Rara vez alcanzan los 3000 habitantes. El grueso de la población consiste en campesinos y poblaciones rurales de donde obtienen la materia prima. Las ciudades sirven de centros mercantiles, administrativos y de poder desde donde regir los territorios.

En las regiones del interior hay grandes extensiones de vides, olivos y cereal, y el vino es conocido por ser fuerte y de sabor intenso.
Tener hijos es importante para los ivires, es por ello que muchos de los viejos dioses eran adorados por sus bendiciones para la fertilidad.


Emparejamiento: son monógamos, el linaje se traza a través del varón.


Forma de vestir y adornos: tanto hombres como mujeres usan túnicas como atuendo diario de tonalidades purpuras, rojizas u ocres decoradas con ribetes de color o blancos y cremas con ribetes rojos, que en invierno combinan con pantalones o calzas. La ropa se complementa con bandas para la cabeza, cinturones, capas de lana, sandalias, botas bandas o elaborados adornos de bronce y oro en forma de brazaletes o torques.

Los complementos de la ropa, sean por adorno o por utilidad, incluyen cinturones, brazaletes, bandas (para la cabeza),  gruesas capas de lana, o calzado (sandalias o botas blandas) con elaborados adornos de bronce.

El cabello posee indicativo de la posición social. En aquellos que viven en los estratos más bajos de la sociedad es frecuente el uso del cabello corto, incluidas las mujeres, para asegurar la higiene. Si un ivir puede permitírselo, mantendrá su cabello largo y bien cuidado. Tener un cabello largo y mal cuidado está mal visto por los ivires. Es frecuente ver a hombres y mujeres de clase media, ricos, y nobles con los cabellos largos y cuidados a pesar de su incipiente carencia de cabello por la edad. Los hombres usan barbas rasas y cuidadas, y se recogen el cabello para trabajar o ir a la guerra en colas de aspecto simple, o  con trenzas sin pertenecen a una posición pudiente. En las mujeres es común el uso de peinados elaborados. Estos peinados muestran el poderío y posibilidades de quien los usa, y está mal visto que alguien sin el estatus necesario los use.

Idiomas: su idioma natal es el ivir. Solo ciertas clases y clases sociales tienen acceso al conocimiento necesario para saber leer y escribir.

Miedos, incapacidades y prejuicios: temen a la oscuridad y a las tormentas, sobre todo aquellos que viven en regiones costeras. 

Personalidad: Inquietos, altivos, belicosos, extrovertidos, honrados, intrépidos, y de acción rápida. Su generosidad, celo de sus costumbres, familias y hogares, y su hospitalidad son muy grandes, al igual que su suspicacia, fruto de años de traiciones y enfrentamientos entre ellos, y con los renegados y sus servidores.
Tienen fama de ser alegres y amantes de la diversión. En sus celebraciones el vino y la comida son consumidos en abundancia, que comparten con todo aquel que se halle presente.

El pueblo ivir se considera libre. Siglos de guerras, cataclismos, opresión y peligros han hecho que los ivires aprecien esa libertad por encima de todo, a pesar del hecho que ha buscado la fuerza agrupándose en pequeños reinos, cada uno con sus propias costumbres y sus propias leyes, su carácter puede ser muy diferente incluso en localidades o valles próximos.

A pesar que cada reino, valle y ciudad tiene sus propias costumbres y leyes, se puede clasificar a los ivires en dos tipos: aquellos que viven en las costas llamados ribereños y los que viven en el interior. El forastero que se relacione con ellos por primera vez apenas distinguirá a unos y a otros descubriendo en ellos un pueblo orgulloso y suspicaz, pero poco a poco podrá observar el carácter abierto y fanfarrón de aquellos que viven en la costa, en comparación del trato seco y noble de los habitantes del interior.

Son frecuentes las rencillas entre vecinos y comunidades cercanas, y los odios entre poblaciones y reinos, olvidándose o ignorándose cuando un enemigo extranjero hace peligrar la región.

Religión: desde la Guerra de los dioses y el abandono del mundo por parte de los dioses, muchos ivires han renunciado a la devoción de cualquier deidad. Entre aquellos que siguen practicando ritos religiosos  suelen adorar a las deidades del panteón ivir, principalmente a Merk (dios de la sabiduría y las estaciones), Asbart (diosa de la guerra y la energía física), Mobh (dios del viento, el trueno, la luz el cielo y los viajeros), y Ebane (diosa de los caballos, fertilidad, muerte y curación) entre otros, recelando de dioses extranjeros. 


Sus sacerdotes han perdido parte del respeto que normalmente poseen estas figuras, pero todavía se realizan muchas fiestas y actos rituales entre la población campesina buscando la fertilidad o las buenas cosechas, o se sigue jurando sobre Donnego para cerrar negocios.



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