Desconfianza en mecenazgos de autores no conocidos

No se cómo se hace un mecenazgo, y por ahora, no tengo ni el más remoto interés en enterarme. Lo que más me interesa de los mecenazgos es ver las novedades que hay, saber de qué se trata por si alguna entra dentro de mis gustos, tener claro que va a ser utilizado por mi parte de alguna forma (los manuales no solo sirven para jugar), investigar credenciales,  calidad del proyecto, después de eso, decidiré si apoyarlo o no.

Si quien realiza el mecenazgo ha realizado con anterioridad otros proyectos con éxito, por ejemplo el grupo creativo de La marca del este, es un punto a favor para que apoye el proyecto. ¿Por qué? No es por camaradería, ni por amiguismo, ni por peloteo ni nada, es simplemente que tienen una experiencia demostrada, un saber hacer y maneras serias de trabajar que me dan confianza.
Por cierto, todavía no he apoyado ningún proyecto suyo, pero le sigo la pista a cierto juego de mesa.

¿Que ocurre con la gente que no se conoce y de repente lanzan un mecenazgo? ¿Tienen menos posibilidades de ser apoyados? Evidentemente. Y algunos dirán _ ¡Pues no debería ser así! Todos los proyectos deberían ser apoyados de igual forma independientemente de quien los haga_ quizás en un mundo idílico, donde todos nos fiamos de la palabra del prójimo como personas humanas que somos unidas en amor y armonía, pero, estamos en el planeta tierra amigos, y las cosas no son así.


Si un desconocido os pide 5€ para comprar y os promete que luego os devuelve el dinero ofreciéndoos ciertas seguridades, teléfono, dirección, el DNI, su chaqueta… ¿se lo daríais?
Y si en lugar de un desconocido es un buen amigo ¿le prestaríais los 5€?
¿Y si en lugar de 5€ son 50€?

Los seres humanos formamos círculos de amistad o confianza. Incluso dentro de esos círculos, nuestra confianza se refuerza en un grupo más reducido de personas.
Es algo inconsciente que hacemos para sentirnos cómodos, seguros, apoyados... y si viene alguien nuevo, por muy amables que seamos con él, lo más seguro es que se le ponga a prueba, de alguna forma. Existe por decirlo de alguna manera, un rechazo. Algunos dirán que es prudencia.

Por ejemplo. En mi actual club admitimos de forma abierta que entre a formar parte quien quiera que lo pida. Cualquiera de vosotros que os pongáis en contacto con algún miembro del club y muestre su interés en pertenecer puede citarse con nosotros, aparecer en el local, jugar partidas, unirse a campañas, etc. pero (siempre hay un pero), no le damos unas llaves del local, ni le dejamos llevarse juegos a casa.
Alguien nuevo que quiera pertenecer al club, debe permanecer alrededor de un trimestre (como mínimo), participando de las actividades. En ese tiempo no paga cuota, pero puede participar como uno más y usar el material del local mientras estemos uno de los socios allí.
Ese tiempo sirve para la adaptación del nuevo miembro y los antiguos socios. Saber como es, si su convivencia es agradable y a él le agradamos nosotros, si sus gustos son acordes y si en definitiva, comparte gustos, maneras y unas formas adecuadas que compatibilicen.
Desde que entre al club hace 3-4 años, hay gente que ha llegado y se ha quedado y otros que no. Todos por su propia elección.

Pero claro, al autor de un mecenazgo no lo podemos poner a prueba durante tres meses para saber si nos podemos afiar de él.
Esta desconfianza es natural en la sociedad humana y en parte es beneficiosa por que nos evita sufrir decepciones (aunque siempre las hay y las habrá, alguna cribaremos). Como parte de la forma de comportamiento de la sociedad humana esto se ha llevado a las redes sociales que son un reflejo de nuestro comportamiento.

Por supuesto, que alguien sea conocido o desconocido no asegura que los proyectos que muestren al público en un mecenazgo vayan a ser lo que el público o los mecenas desean.
Errores, estafas y éxitos son independientes del conocimiento o desconocimiento que tenemos de las personas, solo su buen hacer y pericia, ayudados por una buena publicidad nos ofrecen alguna garantía. Alguna, no todas. Recordad que en un mecenazgo, estamos en realidad a ciegas hasta que el producto llega totalmente a nuestras casas.
El que ya ha realizado algún mecenazgo con éxito anteriormente ya tiene parte de ese camino hecho y es normal que se le apoye más. Luego, el del proyecto se marca un Dioni y nos quedamos a dos velas.
En realidad, conocer al creador no nos ofrece ninguna garantía, pero si una sensación de seguridad, y esa sensación de seguridad no la tenemos inicialmente con un desconocido.

En mi opinión, desde hace un tiempo, el revuelo y debate generado por un par de mecenazgos recientes no tiene sentido. Se achaca mucho a que todos deberíamos tener la misma oportunidad y me parece bien, pero en serio: estamos hablando de nuestro dinero.
Cuando hablamos de dinero las cosas cambian tíos, al menos para mí. No es que me sobren los billetes precisamente y que aparezca un desconocido vendiéndome la moto, a estas alturas de la vida me hace desconfiar.


He tenido malas experiencias en un par de mecenazgos en los que he participado con toda la ilusión del mundo y como yo, estamos más de uno. Y tras esas experiencias, recelamos.
Yo no suelo echar pestes de los mecenazgos que veo que no me gustan, pero, si veo algún conocido que está interesado, suelo sugerirle por privado que se informe bien. Ya la decisión de participar o no es suya.

Bien. Aparece de repente un desconocido que pretende hacer un mecenazgo con una idea cojonuda. Un día aparece como salen las setas en otoño por G+, Facebook, Twiter y yo que sé más y comienza a spamear sobre su proyecto y ¡nos pide pasta!
En serio ¿si os dijera en este artículo que os pido pasta para hacer un juego de rol con una idea cojonuda que se me ha ocurrido habría alguien que me la daría? 
Por favor que nadie diga que sí…

Como dije anteriormente, el que hace un mecenazgo debe convencer a los mecenas, y la forma es hacerlos sentir seguros y mostrar algo que guste al personal. Suponemos que el material gusta y nos queda convencer a los mecenas ¿Qué hacemos? Publicitar, bien. Enseñar partes de producto. Realizar demostraciones. Aparecer y mostrarnos en la red para darnos a conocer. Mostrar y hablar del proyecto, etc. Como digo, no tengo el más mínimo interés de saber como se hace un mecenazgo, pero lo que digo me parece lógico. Yo no le daría pasta a un tío que no conozco y que no me muestra nada de lo que me está vendiendo, espero algo que me aporte seguridad, como he recalcado tanto.

Y claro, no todo lo que se muestra en la red ofrece seguridad. Traducciones mal hechas, maquetaciones que no convencen, portadas que no gustan, ilustraciones de origen sospechoso… todo eso y más cosas hacen recelar al personal. Oye, que si es dar un “like” como en Facebook no cuesta nada, pero aquí hay que poner la plata y entonces ya nos lo pensamos.
Por que una cosa es recelar de un desconocido y otra distinta es que el desconocido nos haga recelar.

La gente que quiere hacer un mecenazgo está pidiendo dinero. Tiene la opción de, en lugar del mecenazgo, ir a un banco y pedir el dinero. El banco, pedirá que enseñe el proyecto, pedirá unas seguridades (intereses aparte) ¿Porqué los mecenas no deberíamos pedir lo mismo? No, intereses no. No me seáis perros.

No quiero ofender a nadie, pero me parece un tanto hipócrita afirmar que esto debería ser los mundos de Yupi y estar todos hermanados apoyándonos en los mecenazgos a pesar de no conocernos. La vida no es así, las redes sociales son un reflejo (más o menos exacto, pero reflejo) de la sociedad y por lo tanto, esa desconfianza ante los desconocidos existe, de modo que, por favor, no pidamos confianza para los desconocidos cuando la vivimos y la ejercemos diariamente fuera de las redes sociales, la imagen real que se refleja en las redes.


Es justo que todos tengamos una oportunidad, pero la oportunidad hay que ganársela.

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