Día del padre con Pequeños detectives de Monstruos

Día del padre. Ese día donde, con mucha ilusión, los niños pequeños hacen entrega a sus padres de las manualidades realizadas en el colegio por la fecha señalada y aquellos que entran en la vorágine capitalista reciben regalos de sus parejas o hijos más mayores.

Como veis no es un día que me haga mucha ilusión, aunque la mirada excitada de mi hijo mayor entregándome su regalo me hizo sacar una gran sonrisa y ablandarme. No se puede evitar, que queréis que os diga.

Después de eso, parque, vermut con batido de chocolate para los niños y comida familiar con los yayos.

Cuando nos recogíamos por la tarde, ya de noche, y tras un día intenso y lleno de actividades, entramos a casa. Funsito va a mi dormitorio y abre mi parte del armario donde guardo varias carpetas con documentos, bolsas de cuero que uso para llevar el material rolero a mis partidas y el maletín que usamos para guardar el material de Pequeños detectives de monstruos.

No he vuelto a jugar a Pequeños detectives de monstruos con mi hijo desde aquella primera experiencia, y él, no había vuelto a jugar desde la partida que realizaron en la tienda Doctor Ocio.
Aunque hable de la ilusión que hace jugar a rol con los hijos, soy consciente que no hay que forzar a los niños a jugar a lo que nosotros queremos, así que no volví a sacar el tema, exceptuando algún recordatorio del Detective Oso o los libros de monstruos que tanto le gusta coger de la librería y mirar cuando ha surgido algo relacionado.

Imagen obtenida de pixabay
El caso es que Funsito abre mi parte del armario, coge el maletín de detective y me dice _Quiero monstruos_
El pequeño es parco en palabras, no, lo siguiente. Ha evolucionado mucho en el habla pero todavía le falta mucho. Yo le pregunto _ ¿Quieres jugar a atrapar monstruos?_ (El nombre con el que familiarmente llamamos a PdM)
El me contesta con un rotundo _Si_  mientras afirma con un movimiento de cabeza y a mi se me  hincha el pecho de orgullo.

Se lo digo a mi mujer y preparo algo rápido.
Nada de mesa, “en vivo”, para poder interactuar mejor con los elementos del maletín de detective.
En su ficha de personaje ya tiene dos estrellas marcadas y con esta aventura serán tres. Le entrego la herramienta que el escoge. Como siempre la linterna. Le entrego su carnet de detective y comenzamos a investigar.

Le cuento que mama nos ha llamado porque en casa suceden cosas extrañas. Se oyen ruidos y su hermana pequeña tiene miedo. En un par de minutos dejo algunas pistas por la casa y preparo “la escena del baño”.
Apago las luces de la casa y le digo que tiene que encontrar el interruptor para poder buscar las pistas. Así que con determinación, el detective Oso enciende la linterna y busca las llaves de la luz iluminando el pasillo y la sala de estar. Allí comienza a encontrar las primeras pistas y comienzo a hacerle preguntas de forma que hable y me cuente todo lo que sepa.
Yo no lo sabía, pero resulta que Funsito es un empollón de cuidado y se sabe el manual de PdM mejor que su padre. Luego lo contaré.

Tras varias pistas y preguntas y todavía no saber nada vamos al baño, y antes de que pueda encender la luz de esa habitación enciendo un cepillo de dientes eléctrico sin sacarlo de su cargador que hace un estruendo bastante fuerte al vibrar sobre la base de plástico.
Estas son las cosas que yo, lumbreras de mi, pienso que son ideas geniales, pero que después resulta que me salen el tiro por la culata cuando se me olvida que mi hijo tiene tres años y medio.
Funsito es bastante miedoso con estas cosas, y el detective Oso salió disparado del baño buscando refugio en otra habitación donde estaba su madre.

Voy a su dormitorio donde está mi mujer y lo encuentro sentado bastante asustado y comienzo a tranquilizarlo. Le digo que hay que averiguar que monstruo es. Que no nos va a hacer daño. Que seguro que es un monstruo simpático que hacia una broma como las de KIKI (el monstruo de las bromas que identifica en la forma de Totoro).
Mientras lo calmo miramos el manual de Pequeños detectives de monstruos. Resulta que sin yo decir nada, funsito habré las paginas donde se encuentran los monstruos y comienza a explicarme quien es cada monstruo.
Recordemos que es un niño de tres años y no sabe leer. Apenas identifica las letras. Pero el libro está hecho de tal forma que con las imágenes es capaz de identificar y darle nombre a cada monstruo de manera acertada. Me quedé flipando.

imagen obtenida de pixabay
Me cuesta bastante hacer que salga de la habitación y siga investigando. Por lo menos 10 minutos. Pero al final, de mi mano y con su linterna en la otra nos dirigimos al baño. Allí nos asomamos con cuidado. Primero yo, luego él. Verificamos que no hay monstruos y vemos de donde proviene el ruido.
El detective Oso descubre que es mi cepillo de dientes eléctrico y lo señala. Lo coge y lo apaga. Con la vibración se movió y golpeaba el espejo del baño creando más ruido todavía. Un espejo bastante sucio, por cierto. Pero todo está calmado ya y el detective Oso ya no tiene miedo.

Yo había preparado un encuentro con otro monstruo, pero el golpeteo del cepillo de dientes contra el espejo me dio una idea.
Preparado siempre con unas fotocopias de huellas dejé una en el suelo y le dije que buscara. En el pasillo, justo saliendo del baño el detective Oso descubre la huella y vamos a mirarla al manual de pequeños detectives de Monstruos.

El detective Oso mira rápidamente las huellas y descubre que la huella coincide con el monstruo de los espejos y entonces le explico. _ El monstruo de los espejos está enfadado porque los espejos y ventanas de casa están sucios. Tú y tu hermana no hacéis más que apoyar las manos dejando vuestras huellas y a él, le gusta que los cristales y los espejos estén sucios. Para que no se enfade y ponerlo contento hay que limpiar todos los cristales y espejos de casa_

El detective Oso me mira y asiente. Vamos al armario de los productos de limpieza y cogemos limpiacristales y dos paños. Yo limpio los cristales y el lo seca dejando todos los espejos de la casa muy limpios (evidentemente repaso lo que el seca, pero eso es lo que menos importancia tiene).
Al final, el monstruo del espejo dejó una moneda de chocolate junto a uno de los espejos como agradecimiento y el detective Oso se llevó una medalla al valor por haber superado sus miedos y seguir con la investigación.

Fue gracioso cuando un rato después, casi cuando su hermana y funsito se iban a acostar, la niña se dirigía a la puerta del salón para poner las manos en los cristales y funsito le decía muy serio a su hermana que no manchara los cristales porque el monstruo de los cristales no le gustaba. Gracioso y tierno como el solo. Pero tengo que tener cuidado con esa desbordante imaginación.


La próxima vez, cuando él me pida jugar, lo haremos en mesa y así, trataré de evitar que se asuste. O eso espero al menos.

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