La planificación (o falta de ella) en las aventuras.

Desde hace un tiempo ha surgido una tendencia que propone evitar la planificación de las aventuras.
Esta propuesta de juego consiste básicamente en jugar sin haber preparado una historia o una serie de escenas, localizaciones o personajes. La premisa es, por ejemplo, crear una partida con la información que proporcionan los jugadores o jugar a partir de una semilla de aventura en la cabeza del director, y mucha improvisación.
Es una forma de jugar rápida que ayuda a que no se retrasen las sesiones de juego por no tener las aventuras preparadas por culpa de la falta de tiempo.

Antes de saber que esto existía y que manuales de juego enteros propusieran jugar disfrutando de la experiencia de la improvisación casi absoluta, era algo que la gente con la que jugaba hace muchos años ya hacia y que yo mismo he realizado en múltiples ocasiones.
No en vano, las tendencias y juegos nuevos surgen precisamente de la repetición de cosas que muchos otros hicieron antes, con el mérito de saber trasmitirlo de forma escrita para que otros puedan hacer lo mismo.

Con los jóvenes jugadores de rol crecidicos, y convertidos en veteranos de mil aventuras con muchas obligaciones laborales y familiares, que hace que su tiempo libre quede reducido a un suspiro, la tendencia de la no preparación de las aventuras parece buscar cobijo y aprovechar en vender su forma de juego a aquellos cuyo tiempo para jugar es escaso.

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No me parece bien, ni mal. Es algo que creo que está sucediendo, retroalimentándose como la pescadilla que se muerde la cola. Alguien tiene poco tiempo para preparar las aventuras y alguien “le vende” esta forma de juego (o la descubre por el sólico, que ya somos mayorcicos), que ese jugador sin tiempo “descubre” y comparte con los demás vendiéndolo como una forma de juego genial. Como aquellos con poco tiempo cada vez son más, el juego cala más y más entre los jugadores, atrayendo incluso a muchos otros con más tiempo cuya premisa de juego prefieren a otras propuestas más clásicas por diferentes motivos.

No tengo problema en improvisar. Tampoco tengo problema en que otros improvisen. No tengo problema en que haya juegos cuya premisa consiste en improvisar. Me gusta improvisar. Me gusta la improvisación. Creo que es necesaria. También me gusta planificar, crear, inventar y desarrollar.

Hay para quien esta forma de juego es una necesidad, mientras que para otros es una forma de juego predilecta. Planificar e improvisar desde cero o con poca planificación es perfecto en cualquier caso. Siempre esta bien lo que se decida (o pueda hacer) si la mesa de juego se divierte. Lo que no me gusta es cuando tratan de venderme que la planificación no es necesaria y que incluso es mala o desaconsejable.

He leído opiniones y textos que abogan por que no hay que planificar las aventuras. Es curioso porque, aunque como digo la improvisación me gusta y la creo necesaria, siempre, igualmente encuentro útil cierta planificación.
  • Que exista planificación no significa que no haya que improvisar.
  • Que los jugadores se salgan del guión no significa que la planificación sea inútil.

Mi premisa es que con una buena planificación es más sencillo improvisar. Con el tiempo, cuando se ha aprendido a improvisar (yo estoy en modo de aprendizaje todavía), la necesidad de planificación necesaria es menor, pero nunca inútil.

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Creo que para planificar no hace falta tener nada escrito. Aunque es útil si puedes echar mano de unas notas plasmadas en papel.
Se puede planificar de memoria. Pensar que situaciones y escenas, en personajes y lugares, en combates, trampas y giros de trama y recrear con la imaginación descripciones de las posibles soluciones del conflicto.
Hacerlo mil veces, pensar en que vamos ha hacer en la siguiente sesión, ayuda a saber como reaccionar cuando los jugadores deciden hacer algo.
No hablo de encarrilar la partida, no hablo de guiar a los jugadores como si fueran infantes de la mano camino del colegio. Hablo de saber improvisar, hablo de poder improvisar.
Improvisar es como sumar, restar y multiplicar. Cuando lo has hecho cientos y miles de veces sale solo. No necesitas calculadora, lo haces de cabeza y el resultado sale solo.

Opino que hay gente que tiene un don para improvisar. Otros no tiene esa facilidad innata.
Hay gente que no tiene tiempo para planificar y está obligado a jugar con más improvisación de la que se siente cómodo. Y hay otros que planifican sin saberlo y cuando llega el momento de juego improvisan con rapidez gracias a haber planificado mentalmente las situaciones con anterioridad.

En mi opinión planificar no significa escribir y tener en cuenta todas y cada una de las posibles acciones y decisiones que los personajes puedan llevar a cabo en partida. Dar unas pocas opciones de juego para resolver una escena o dificultad no es planificar, tampoco encarrilar, es limitar las posibilidades de juego.

Por otro lado, para mi, improvisar, no es hacerlo todo desde cero, sino saber reaccionar y crear lo necesario para que la sesión funcione con normalidad. La creación desde cero necesita improvisación, pero no toda improvisación consiste en crear.
Tener cierta información con anterioridad, conseguida a través de preguntas a los jugadores o mediante la creación personal, puede ayudar a tener unas directrices para saber que hay que describir a continuación.

La planificación e improvisación de las aventuras no está reñida. Son distintas caras de la misma moneda, aunque es posible que, en nuestro modo de juego, tengamos menos tiempo para planificar o esa planificación pueda alterarse, evolucionando, cambiando, moldeándose como el agua vertida en diferentes recipientes.
Puede que necesitemos de palabras escritas en papel o de repeticiones imaginarias sobre las consecuencias de las acciones de los personajes. Si necesitas planificar hazlo, que nadie te diga lo contrario. Si no tienes tiempo para planificar, aprende a esquematizar tus ideas y a llevarlas a le mesa de juego.

A la hora de proponer una partida, sobre todo, debemos ser sinceros y conscientes del tiempo que tenemos.
Se puede jugar a rol a pesar de las obligaciones que la edad y forma de vida nos carga, pero, debemos ser conscientes que el tiempo es limitado y que es posible que si queremos seguir jugando debamos cambiar nuestros hábitos, nuestra forma de jugar o aprender a usar diferentes herramientas.


Al final, en muchos casos, si quieres puedes. Pero quizá haya que aprender a jugar de otra forma.

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