Personajes no jugadores con nombre

Puede parecer una tontería, pero una cosa tan simple como darle un nombre a un personaje no jugador puede hacer cambiar mucho la forma en la que te imaginas a ese personaje. No me extraña que sea una de esas cosas que leo constantemente como recomendación para dirigir y crear partidas. Un PNJ con nombre ya no es un personaje cualquiera, no es un saco de PX, ni una dificultad aleatoria en el camino. Es como si ese nombre le diera vida, personalidad y su función en la ficción fuera distinta.

Mientras preparaba la aventura de Dungeons & Dragons para las Zaragoza rolea de este año, vi que no me daba tiempo a crear algo personalizado y decidí tirar de los módulos que hay por la red. Entre ellos, uno al que había echado un ojo y me gustó mucho, fue la aventura diseñada para que los personajes jugadores puedan alcanzaran el nivel 5 y poder jugar la campaña Storm King´s Thunder.
La aventura es demasiado larga como para jugarla en 4 horas, pero estudié que partes se podían quitar e hice una versión reducida de la misma.
El resultado fue una escena inicial en una villa con un suceso extraño a investigar; una segunda escena que incluye descanso, parlamento con PNJ en dificultades y petición de ayuda a unos terceros PNJ; y una tercera escena y final donde se incluye un pequeño dungeon y algunos enemigos interesantes. Partida perfecta con subida de nivel incluida.
Al finalizar añadí algunos detalles e información de la aventura original terminando la partida totalmente acabada pero con un: Continuará… que a los jugadores les gustó mucho y me miraron con una cara de: maldito, me he quedado con ganas de más.  Y que queréis que os diga, me gusta cuando se deja a los jugadores satisfechos y con ganas de seguir una aventura.
Me estoy yendo por las ramas…

En la aventura, una cosa que me di cuenta es que en el asentamiento inicial todos los PNJ tenían nombre. No solamente los que están preparados para que los PJ interactúen, sino tambien aquellos que posiblemente no fueran más que un encuentro de combate fugaz. Goblins, simples y tristes goblins… zomoz muchoz, zomoz fuertez, zomoz valientez…

Imagen obtenida de Dungeon Inspiration
Ese simple detalle, dar nombre propio a las chusma que los PJ deben librarse, fue interpretada por mi cerebro con una forma totalmente distinta a como me hubiera imaginado a esas criaturas si en lugar de leer “en esta habitación hay dos goblins llamados Vrook y Bulma saqueando los restos de la despensa…”  hubiera leído “en esta habitación hay dos goblins saqueando los restos de la despensa…”
Para mi, Vrook y Bulma y las dos docenas de goblins de la maldita aventura comenzaron a tener vida propia, y cuando llegó el momento de representarlos no me salió el lanzarlos al combate sin más. Atacaron, si, algunos. Otros lloraron, otros se rindieron, huyeron, gimieron, traicionaron a sus camaradas goblins, se arrastraron, se humillaron, pidieron clemencia, vacilaron a los personajes, entonaron canciones, negociaron, trataron de engañar a los PJ… la verdad es que fueron unas escenas muy divertidas y todo surgió a partir de leer sus nombres personalizados.

Siempre he pensado que las palabras tienen poder y los nombres aún más. Por eso un mago nunca debe decir su nombre verdadero a otro mago… me vuelvo a ir por las ramas.

Como jugador de rol tengo mis manías. Una de ellas es rellenar cada espacio de la ficha de personaje e indicar en el renglón adecuado la información necesaria. El nombre es uno de esos espacios, uno que para mí es muy importante.
Un nombre dice mucho de un personaje. A partir del nombre de un personaje podemos intentar adivinar como es, su procedencia, su color de piel, de cabello… pero, aunque en ciertos juegos soy increíblemente meticuloso a la hora de crear PNJ (como aquella vez que cree una alianza para Ars Magica describiendo y poniendo estadísticas a sus más de 100 grogs y allegados), creo que nunca había llegado al punto de poner nombre a la morralla con que los personajes se van a enfrentar, después de todo, no es que vayan a durar mucho ¿no?
Eso me recuerda a esos jugadores que no suelen poner el nombre a sus personajes porque no saben cuanto van a durar o si se hacen PJ de nivel 1 porque son carne de cañón…
Que cada uno haga lo que quiera, pero yo no lo entiendo. Una ficha de personaje sin unos mínimos datos sobre él no es un personaje, es un montón de anotaciones y números con los que realizar tiradas. Y para mí, un PJ tiene alma propia, su propia personalidad, su propia forma de mirar y por supuesto, su propio nombre.

Creo que, a partir de ahora, en todas las aventuras que escriba cada criatura inteligente que aparezca tendrá su propio nombre, por muy fugaz que estime vaya a ser su aparición.
Puede ser divertido que los personajes de mis jugadores se encuentren a un tipo desafiándolos diciendo _”matasteis a mi amigo Bulard ¡vais a pagarlo caro!”_ y por supuesto, mis jugadores no tengan ni la más remota idea de quien es Bulard.
Pero lo principal, es que me gusta la idea de que todos los personajes que cree a partir de ahora tengan su propia alma, como si fueran uno de mis PJ.

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