La muerte como algo glorioso

Soy de la opinión que la literatura, el teatro y el rol tienen muchos lazos en común. Al igual que en la literatura, en el rol tenemos la capacidad y la tendencia a convertir el horror en algo positivo, ignorando  cosas, y enalteciendo y tergiversando los rasgos de una escena en concreto para conseguir nuestro objetivo: el enaltecimiento de las acciones creadas en la ficción y que la mesa de juego  experimente las sensaciones que describimos.

¿Os suena eso de la gloria de la batalla? Ya sabéis, tras la impresionante descripción de la carga de los jinetes de Rohan en los campos de Pelennor tan solo se habla de la victoria, de cómo las tropas de Dol Amroth resistieron la línea de los orcos que asediaban Minas Tirith, de cómo Aragorn y las tropas que transportaban los barcos de velas negras desde Pelargir atacaron por el flanco a las tropas comandadas por el Rey brujo… pero ¿Qué hay de los muertos? de las heridas, de los gritos de los moribundos en batalla, del piafar y relinchar de los caballos ensartados en las lanzas orcas…

Es posible que por antipatía, las tropas orcas aplastadas bajo los cascos de los caballos rohirrim no nos importen. No nos harán sentir asco, ni miedo, ni despertarán en nosotros ningún sentimiento benévolo, ni compasión.
Tampoco lo harán, posiblemente, los muertos haradrim o los aliados variag con sus grandes hachas a pesar de ser humanos. Ni siquiera, por muy de Greenpeace que seamos, esos enormes mastodontes mûmakil nos darán lastima y nuestras gargantas, tan solo mostraran el orgullo de haber abatido un magnifico trofeo.
Son el enemigo, es la gloria, es la victoria.


Pero el horror está ahí, aunque no lo veamos. Tanto en los muertos y heridos enemigos como en aquellos que han sido afectados del bando vencedor, al caer a causa de las emponzoñadas flechas orcas y sus crueles cimitarras.
Sus gritos llenarán estancias repletas de heridos, moribundos y cuerpos de aquellos por los que no se ha podido hacer nada.

Todo esto sucede en nuestras partidas de rol. Puede que a una escala menor. Simples escaramuzas o pequeñas peleas en oscuros callejones. La sangre derramada, las heridas que al final producen la muerte, los gritos de los heridos, los gemidos de los moribundos arrastrándose fuera del combate, los rostros desencajados de los muertos…
Al final, si la victoria es de los personajes, nada de esto quedará descrito. La victoria estará en sus manos, quizás ensombrecida por la caída de un compañero. Pero en el recuerdo, quedará la valentía y la habilidad de los personajes, y de cómo lograron salir de esa situación contra semejante enemigo.

Si el combate se resuelve en contra de los personajes pero alguno de ellos sobrevive, raramente se describirá tampoco ese horror. Será, posiblemente, la venganza la que surja de los labios de los personajes vivos, ignorando ese horror siempre presente.
Venganza, un sentimiento que nos empuja a volver a correr riesgo y nos ofrece un motivo para enfrentarnos de nuevo al horror, ya que el miedo y la sensatez es aquello que nos aconseja en forma de Pepito grillo desde uno de nuestros hombros, a regresar a un lugar seguro.

Esta clase de horror en la literatura fantástica y en las partidas de rol se suele ignorar a no ser que queramos crear esa sensación específicamente por algún motivo. No es un horror sinónimo de terror, no es el horror usado en la obra de Lovecraft, no.

El horror del que hablo es el de encontrarte en una sala llena de muertos y sangre por todas partes, sabiendo que los has matado tu tras una dura pelea.
El horror del que hablo es el de la batalla donde, lejos de existir la gloria, solo encontramos la muerte, miedo, instintos primarios, caos, sangre, y el continuo gemido de los heridos.
El horror del que hablo es el brillo cristalino en los ojos de un oponente muerto al que has quitado la vida clavando un cuchillo lentamente mientras su vida desaparecía por momentos.
El horror del que hablo es ver el cuerpo de un allegado, un amigo o cientos de compañeros de armas que al igual que tu, participasteis en una macabra fiesta donde solo el tipo de la guadaña ríe y gana algo.
El horror del que hablo es el festín de los cuervos tras acabar una batalla, el del olor putrefacto de los muertos, el de los saqueadores de cadáveres llevándose todo aquello de valor que pueden, el de los gusanos devorando la carne de jóvenes anteriormente llenos de vida.

Pero de todo lo anterior no se hablará. No es bonito, no inspira, no nos invita a continuar esa “famosa” gloria de la batalla, ni a querer que los nombres de nuestros personajes aparezcan en las canciones de los bardos.

Y de esta forma, como mentirosos e hipócritas, tergiversamos los hechos y enaltecemos la victoria olvidando el horror. Nuestras descripciones, al igual que en antaño, ignoran la fea y cruel realidad a favor de todo aquello que queda chulo, molón y podamos recrearnos ante los demás cuando contemos historietas de aquella partida, sin tener en cuenta que ese horror existe de verdad y en ese momento en alguna parte del mundo. Quizás más cerca de nosotros de lo que imaginamos.

Se nos da bien ignorar ciertos factores a favor de otros. Siempre gusta más un dulce que algo amargo. Y siempre sienta mejor hablar de la victoria y escuchar las alabanzas de aquellos que escuchan nuestras historias, que recordar el pozo de oscuridad que en realidad es la muerte y la guerra.

Dicen que la historia la escriben los vencedores. Así pues recordamos a Alejandro Magno como un gran conquistador a pesar de las muertes que causaron las campañas que lideró, mientras que a su “archienemigo” Darío es considerado por la población media como “el malo”.


De esta forma, se convierte en positivo algo que en realidad es negativo. Manipulando la información, descripción, detalles y nuestros sentimientos. Pero el horror, está ahí, siempre, y no nos abandona. Es algo que creo que no debemos olvidar desde nuestro cómodo sillón de director de juego o jugadores, mientras jugamos a salvo, nuestra sesión semanal con nuestros amigos mientras describimos como matamos a un tipo cualquiera, pero sin sentir en realidad el horror que hay en ese acto.

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