Dungeons con niños

Tarde de un sábado otoñal de esos de mantita y película. Un colega y yo proponemos a nuestras mujeres ir al cine juntas para que tengan su propio espacio y nos quedamos la tarde con los niños. Tras algunos planteamientos de cómo organizar la tarde con los niños quedamos en casa para que los niños jueguen juntos ya que una de las niñas parece un poco resfriada y el parque de bolas se desestima.

Una vez llegan los amigos y las mujeres se van a lo suyo, les preguntamos a los pequeños a que quieren jugar y funsito dice ¿podemos jugar a los monstruos de papa?. Diego (el papa de la otra niña) y yo nos miramos, sonreímos el uno al otro y asentimos. Vamos a jugar a rol con ellos.

Pero no preparamos una partida de rol como hasta entonces. No Pequeños detectives de monstruos, no rol en vivo, no jugar a exploradores. Sacamos la caja de Dungeons & Dragons de Parker cuyas reglas no me gustan nada, pero en cuyo interior hay decenas de miniaturas bastante resultonas y fabricadas de tal manera que los niños no pueden romperlas fácilmente (las estoy pintando poco a poco, cuando acabe el juego será molón, molón).
Saco algunos goblins todavía sin pintar, un hobgoblin (o algo así) y un trol como enemigo especial. Como personajes jugadores uso miniaturas pintadas de mi colección, un mediano, un arquero y una guerrera.

Para el juego no usamos las reglas de la caja del juego, pero si varios de sus componentes y algunos muebles del Heroquest. No, el HQ25 no, el otro, el viejuno.
Montamos dos tableros, varias puertas de acceso. Una mesa, un armario del Heroquest, un trono, una llave de cartón y tres brillantes monedas de chocolate.
Dejamos la llave encima del armario para que se vea y las monedas bajo el trono y les explicamos la historia.

En la aldea de Villaenana, los malvados goblins atacaron y robaron un valioso tesoro de monedas de chocolate. Os han encargado recuperar el tesoro y habéis seguido las huellas de los goblins hasta un torreón abandonado…

Tras la introducción les explicamos en que consiste el juego. Deben recuperar las monedas y vencer al hobgoblin, pero para recuperar las monedas deben primero coger la llave que está en el armario.
Le pedimos que hagan una ruta para saber que puertas deben abrir primero para llegar hasta la llave y luego para ir desde el armario hasta la sala del trono (toma de decisiones). Tras dejar que los niños hablen y decidan (con un poco de ayuda nuestra), colocamos las miniaturas en un rincón de uno de los tableros y les explicamos las reglas.

Los personajes pueden hacer dos cosas por turno.
  1.       Mover tantas casillas como indique el robo de una carta (numerada del 1 al 5).
  2.       Realizar una acción que es o bien abrir puerta o bien atacar.

Los ataques consistieron en lanzar 2 dados, 1 de color morado y el otro de color amarillo, mientras que los monstruos lanzan otras combinaciones de colores.
El personaje que sacara más espadas que el oponente le quitaba 1 herida. Los PJ y monstruos fuertes tenían 2 heridas y los goblins 1. Por cierto, los ataques eran simultáneos, por lo que podías herir al oponente en su turno.
La elección de los dados era favorable a los niños, aunque con los monstruos grandes podían tener dificultades, con los goblins no, a no ser que tuvieran mala suerte.

La idea del juego no era que se contara una gran historia si no que ejercitaran algo de matemáticas. Estamos hablando que los mayores tienen 4 años y la pequeña 2. Para la pequeña identificar los números y decirlos es ya todo un reto, pero al final terminó contando casillas…. más o menos.
Los mayores en cambio contaban las casillas sin dificultad, aunque no entendían al principio que no podían cruzar las paredes (ains), sino que tenían que cruzar por las puertas.
Tambien tenían que contar, no solo las casillas, sino el número de espadas que aparecían en los dados, sumar los resultados de ambos dados e indicar que resultado era mayor, el de los monstruos o el de sus personajes. Creo que en el colegio todavía no han dado eso, pero lo hicieron sin problemas.

Fue una tarde divertida en la que los niños jugaron durante poco más de una hora llena de risas, y donde tras acabar con los malvados goblins que derrotaban a base de patadas en las espinillas y tortazos que hacían llorar a las criaturas, lograron realizar el recorrido derrotando al trol que guardaba la llave, a los goblins que encontraron por el camino y por ultimo al jefe hobgoblin y sus secuaces. Al final los valientes héroes fueron recompensados por su valor y devoraron 1 moneda de chocolate cada uno.

La partida, aunque simple para nuestros cánones de jugadores veteranos, tuvo su tensión en algunos momentos como cuando uno de los goblins hirió al personaje de la pequeña de 2 años y su hermano le decía que se tenía que levantar, que si tenía el personaje tumbado (herido) no podía jugar.
El trol fue un duro desafío que necesitó de la combinación de los ataques de los tres aventureros para vencerlo.
El tercer momento de dificultad fue cuando el personaje de funsito se adentró el solo a la guarida del hobgoblin y fue rodeado, aunque con mucha suerte fue derrotando a los monstruos, hasta que sus compañeras de aventura los ayudaron.

Evidentemente lo que importaba era que los niños se divirtieran, pero el juego nos dio una escusa para practicar matemáticas sin que ellos se dieran cuenta.


Los niños se lo pasaron bien, los padres tambien, pero lo que más me emocionó, fue que el lunes yendo al colegio, funsito le contaba a sus amigos del colegio que el sábado había visto terneros y gallinas (sábado por la mañana fuimos a una granja), y que por la tarde había jugando con los monstruos de papá, vencido a los goblins y recuperado un tesoro de chocolate. Ver su carita emocionada me emocionó a mi tambien. 

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