Valorar nuestros juegos favoritos

No, este no es un artículo sobre política, voy ha hablar de rol, pero primero, dejad que os ponga en contexto.

Con todo el follón este del “Proces”, hasta en mi casa (la de mis padres en realidad) que pasamos de la política, se habló de la situación.
No voy ha hablar de política ni defender ningún tipo de ideas, si lo hiciera lo haría para aplicarlo a juego y no es la ocasión. Ya hablé de política aplicada a los juegos de rol hace tiempo y no dudo que lo volveré a hacer, pero siempre desde el punto de vista llevado a la ficción.

Fue a raíz de lo que pasó el 1 de octubre que mi madre (con la que hablo muchísimo de muchos temas) y yo hablamos de España, Cataluña y como la gente despreciaba su tierra, la de otros, etc. Yo le repliqué que para valorar su tierra, hay que salir fuera y ver que hay mejor y peor al otro lado de las fronteras ficticias que el tiempo, la guerra y la política han creado. Parafraseando una cita de un colega de Madrid, viajando en avión, “…jamás se vio ninguna línea que dividiera los países.”

El caso es que esta conversación caló en mi, como no, desde el punto de vista rolero. ¡Que se va ha hacer! pero eso de: “valorar lo nuestro y despreciar lo que no es nuestro” me recordó mucho a esos debates (flames, discusiones, comentarios o como los queráis llamar) que hablan sobre si un juego o estilo de juego es mejor o peor, o si D&D no es rol.

Que conste que a mi me da igual a que juega la gente. Cada uno juega a lo que le gusta, como si el juego de rol es inventado. Como si no juega a rol.
Hay gente que se especializa en un juego o simplemente compra tanto material de ese juego que quiere aprovechar lo invertido. A mi me parece bien la verdad.

Por otro lado están aquellos que juegan a muchos juegos distintos. O en realidad puede que no sean tan distintos por que el estilo de juego o sus mecánicas son similares, de forma que juegan un poco a lo mismo, pero con distintas ambientaciones, reglas o tratando de disfrutar de experiencias nuevas.

Por supuesto está la gente que ni siempre juega a lo mismo ni cambia de juego cada dos por tres. Esto no es un enfrentamiento entre dos visiones. Como siempre digo, vivimos entre grises, al menos la mayoría. O eso creo.


El caso es que en mi opinión, para poder decir si algo es bueno debemos entender como funciona.  Es decir, para valorar esos juegos que decimos nos gustan tanto, deberíamos jugar a otros que son distintos para comprobar que virtudes y defectos tiene ese juego que tanto nos gusta. Es posible que nos llevemos alguna sorpresa. Y eso solo se puede hacer jugando mucho a algo y comparándolo con otros juegos de rol de los que debemos entender en que consiste la propuesta del autor y como funciona el sistema.
Esta idea, que como digo surgió de una conversación con mi madre, ya rondaba por mi cabeza cuando escuché al nuevo youtuber de moda (Jaime Altozano, ese que nos ha redescubierto las BSO de El señor de los anillos) decir en uno de sus videos que no podemos decir si una canción nos gusta (o si es buena, ya no recuerdo exactamente) sin saber como funciona la música.

Ningún sistema es perfecto como no lo es ningún país del mundo. Al igual que España tiene muchas cosas buenas, tambien las tiene nuestro sistema de juego favorito. Del mismo modo, España tambien tiene muchas cosas malas y nuestro sistema favorito tambien las tiene. El caso es que muchas de esas cosas buenas y malas, tan solo podremos tener consciencia de ellas si conocemos más de lo que ya conocemos, de forma que podamos comparar. En ese caso sabremos que En los países nórdicos son más civilizados (no solo de oídas, sino vivirlo en persona) pero que su clima es difícil de soportar, mientras que en España disfrutamos de una rica y sabrosa dieta (en general) pero la desertización es un problema acuciante, por ejemplo.

Los juegos de rol son parecidos. Pendragón por ejemplo tiene un sistema de combate que me encanta, con una única tirada por personaje para resolver pruebas de habilidad enfrentadas, un sistema de rasgos de personalidad bestial, pero está enfocado únicamente a llevar personajes caballeros (y mejor si son varones cristianos britanos) y sus modificadores son bastante brutos. Dungeon World te permite jugar con libertad narrativa compartida, su sistema de combate me permite hacer escenas rápidas y peliculeras sintiendo por primera vez un sistema de iniciativa que me gusta aplicar en combate (el del criterio del DJ), pero el sistema está enfocado a un tipo de juego especifico y si te sales de ahí tienes que tener cuidado con aplicar nuevos movimientos por que podría perjudicar al sistema de juego. Far West tiene una creación de personajes bestial y usa un sistema porcentual muy cómodo con suficientes incentivos para hacerlo molón, pero la cantidad de distintos tipos de modificadores determinados de antemano hace difícil aprenderlos si no juegas habitualmente. Vampiro tiene un rico trasfondo donde sumergirte, pero su sistema de juego (mejor dicho, el sistema de resolución de tiradas) me resulta nefasto (y he leído en varias ocasiones que falla matemáticamente). D&D es sencillo de entender, rápido de jugar y suele gustar a mucha gente, pero a muchos jugadores novatos se les hace cuesta arriba aprenderse todas las habilidades especiales de las clases más allá de nivel 1 ó 2 y los combates a niveles altos pueden irse de madre.

Todos, todos los juegos y países tienen cosas buenas y malas. Criticar un juego sin conocer como funciona y en que cosiste lo considero un error y normalmente, eso solo se puede saber cuando tienes experiencia en otros juegos. Jugar a otros juegos nos permitirá ver lo bueno y lo malo de nuestros juegos favoritos. Pero hay que querer entender aquello a lo que no estamos acostumbrados.

Recordad, la ignorancia es el verdadero monstruo a combatir.

Entradas populares