Pequeños detectives de monstruos como refuerzo escolar


Hay muchos padres y profesores que antes que yo han usado los juegos de rol como método para enseñar. Ahí están Roberto Alhambra o Natxo D10 entre muchos docentes (perdonad al resto si no os nombro, son los nombres que tengo en cabeza ahora mismo) que han llevado los juegos de rol a las aulas para enseñar a los niños. La profesora de Funsito me había dicho la semana anterior que el niño debía mejorar en la escritura, así que me pareció buena idea probar si jugando a rol podía incentivarlo para practicar y sobre todo, para mejorar su atención, que lo pillo siempre mirando las musarañas digo… los gamusinos.
La verdad, no siento que yo haya “enseñado” nada. Quizás si que conseguí que Funsito mantuviera la concentración durante un tiempo en algo que su profesora me había dicho que tenía que mejorar. Poco más, pero esta es su historia…

Esta vez la partida la jugamos en vivo, tan solo en la habitación de su hermana en lugar de por toda la casa. La Agencia había llamado al Detective Oso por que su hermana pequeña decía que había un monstruo en su habitación. Su misión era conseguir que el monstruo se fuera pero esta vez el Detective oso tenia una ventaja ¡Había un testigo! Un testigo monstruoso y… bueno, con ciertos problemas.


Tras la presentación de la partida y del problema entramos en la habitación y le dije que buscara pistas. Aproveché que tanto él como su hermana habían estado jugando y no habían recogido todos los juguetes. De hecho, había juguetes en el cuarto de su hermana donde su madre y yo no les dejamos jugar, así que enseguida se percató de los juguetes fuera de su sitio y me lo indico. Yo le recalqué que el cuarto estaba desordenado.  Quería que esta palabra se le quedara bien por que el monstruo elegido era el monstruo del desorden y parece que no hizo falta mucho para que se percatara de ello. Lo dijo casi nada más pronunciar la palabra, pero le dije que había que seguir buscando pistas e interrogar al testigo. Y claro, le tuve que explicar qué es un testigo… porque evidentemente un niño de 4 años no lo sabe.

La siguiente pista que descubrió fue que los cajones y las puertas de los armarios estaban abiertas. Las puertas abiertas tambien podían indicar que fuera el monstruo del armario o incluso el que se esconde detrás de las puertas, el asunto se complicaba. Había llegado el momento de interrogar el testigo.

El testigo era un gamusino tartamudo. Si, tartamudo. Fue un poco la escusa que encontré para poder dictarle palabras sonido por sonido.
Para representar al gamusino primero cogí un viejo muñeco de Muzzy (ese alienígena hambriento constantemente que aparecía como mascota de una academia de ingles o algo así) y traté de imitar un poco su voz. A Funsito no le gustó el muñeco y lo cambiamos por un pelocho…. Y la aventura siguió.
Le expliqué que el gamusino era un testigo que había visto al monstruo. En esta ocasión no teníamos una huella que nos indicara que monstruo era, así que teníamos que comparar la descripción que nos diera el testigo con los dibujos del libro.
La cosa fue bastante mejor de lo que esperaba. Enseguida se animó ha hacer preguntas tipo ¿tiene cuernos? ¿Tiene pelo? ¿Tiene más de un ojo? Preguntas fáciles que el gamusino podía responder con un SI o NO. 2 ó 3 preguntas de este tipo estaban bien para arrancar, pero yo quería que necesitara escribir, así que le expliqué que debía hacer otro tipo de preguntas más concretas, por ejemplo, que el testigo nos dijera cuantos ojos tenia o como se movía o directamente que le describiera al monstruo. De esta forma conseguí que escribiera (con su letra de 4 años) en un blog de anillas que le regalé hace poco (y donde no para de escribir su nombre, el de su hermana y el de su abuela) bastantes palabras; si, no, dos, andando, tiene cuernos, etc. Nos llevó como media hora el dictado, pero al acabar ya teníamos una descripción suficiente para identificar  a nuestro monstruo. Nuestro monstruo tenía dos patas delgadas, cola, dos cuernos hacia abajo y parecía triste.

El gamusino. No le hagais hablar que se pone nervioso.
Con la descripción e identificación de la criatura procedimos a leer que le gustaba y que no y a preparar un plan. Esta vez no tuve casi ayudarle a preparar el plan, solo corregirle en algunos matices. Al monstruo del desorden no le gustan las escobas pero le gustan los juguetes tirados por el suelo. Así que se fue a por la escoba corriendo y tirando a su pobre hermana (de 2 añicos) en el proceso para enfadar al monstruo y atraerlo.

Como no podía ser de otra forma, funcionó. Le expliqué que el monstruo creía que íbamos a tirar los juguetes del suelo a la basura con la escoba y había venido rápidamente. El Detective Oso le preguntó al monstruo del desorden por que había escondido y desordenado los juguetes y este le explicó que le gusta esconder cosas cuando ve los dormitorios desordenados.
Comprendiendo que el monstruo escondía los juguetes por estar fuera de su sitio, hizo un trato con él. Si no volvía a desordenar la habitación, el monstruo no tendría escusa para esconder juguetes. Y así lo hicieron.

No se si tendré la aprobación de los grandes docentes que tenemos en este país, pero fue una partida divertida, creo que instructiva y además, me sirvió como escusa para que recogieran todo lo que habían sacado de antes.

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